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Obreros de estadio donde jugará Ecuador, en huelga

AFP
Curitiba

El estadio Arena de Baixada, en Curitiba, que acogerá el segundo partido de Ecuador por la fase de grupos del Mundial Brasil 2014, frente a Honduras, es uno de los que más retrasos tiene para su entrega. Todavía no se ha instalado ni un solo asiento y los obreros se paralizaron el viernes por falta de pago, aunque el atraso en los salarios ya fue “arreglado”, señalaron los responsables del recinto.

Unos 300 obreros de los 1.200 que trabajan en el estadio, denunciaron incumplimiento en el pago y bloquearon brevemente una avenida de la ciudad el viernes. En las fotos se ve a los manifestantes sentados en la vía pública, de brazos cruzados, algunos llevaban el casco de obra y mascarilla.

“Este es un pequeño problema que ya está arreglado, no se volverá a producir”, dijo el sábado Mauro Holzmann, director de Marketing y de Comunicación del lugar, quien atribuyó el inconveniente financiero a “la burocracia brasileña”.

Carlos Arcos, arquitecto del estadio de Curitiba, confirmó por su parte la fecha anunciada a principios de diciembre por el Ministerio del Deporte para “una primera prueba en la segunda quincena de febrero” y la inauguración oficial “para el 26 de marzo”, precisó.

El Arena da Baixada, con capacidad para 42.000 personas, es uno de los estadios más atrasados, de los seis que aún están en obras, y es el único que todavía no tiene el césped instalado. Los obreros deben trabajar en la fachada, en el revestimiento de las gradas y en la colocación de la cubierta.

Los atrasos en las obras sorprenden en especial porque el estadio, construido en 1999 y que es propiedad del Atlético Paranaense, era el más moderno de Brasil, por lo que exigía una remodelación más modesta y rápida.

Paralización

El Ministerio Público de Trabajo de Brasil pidió ayer la interrupción de las obras del estadio Arena de la Amazonía, en Manaos, una de las doce sedes del Mundial 2014 y donde el sábado murió un obrero, el segundo en nueve meses.

Operario cayó del techo

En las primeras horas del sábado, el operario Marcleudo de Melo Ferreira, de 22 años, que trabajaba en el montaje de la cobertura del estadio, murió al caer de una altura de 35 metros durante la instalación de los reflectores del techo.