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Bachelet asume con metas para primeros 100 días

Por Alejandro Tapia Especial para El Telégrafo / desde Chile

A finales de enero pasado, apenas tres días antes de que se conociera el fallo de La Haya, la presidenta electa chilena, Michelle Bachelet, dio a conocer su gabinete. Esta noticia era tan esperada como el dictamen sobre el diferendo marítimo entre Chile y Perú. Del equipo de colaboradores del futuro gobierno destacaron entonces varias caras nuevas y personeros con experiencia, como el futuro canciller Heraldo Muñoz. Poco después, Bachelet designó a sus subsecretarios (el número dos de cada Ministerio), pero diversas circunstancias la han obligado a cambiar a tres de estos funcionarios, antes de asumir el poder.

Bachelet retomará la Presidencia de Chile a partir de este martes, con altas expectativas, respaldada por el 62% que obtuvo en las urnas, pero con cuestionamientos por designaciones de su propio equipo. Los subsecretarios debieron dar un paso al costado por conflictos de intereses y cuestionamientos éticos. El caso más polémico fue el de la subsecretaria de Educación (Claudia Peirano) que   renunció porque en el pasado se manifestó en contra de la enseñanza gratuita.

Precisamente la educación estará en lo más alto de las prioridades del nuevo gobierno de Bachelet, que lidera a la Nueva Mayoría, un conglomerado donde conviven socialistas, democratacristianos y comunistas. Las protestas estudiantiles que explotaron durante el gobierno de Sebastián Piñera han marcado la agenda política en Chile y se espera que la nueva Presidenta dé pasos significativos para avanzar hacia una educación gratuita y de calidad, como le exige la mayoría.

Por eso, en sus primeros 100 días de gestión, Bachelet –que ya gobernó al país entre 2006 y 2010-, enviará al Congreso un proyecto de ley para “una gran reforma educacional”. La promesa del nuevo gobierno es asegurar la gratuidad y la calidad educativa y poner fin a la segregación y el lucro con recursos públicos. También enviará un proyecto para crear dos nuevas universidades en regiones.

Según una encuesta dada a conocer por el portal El Mostrador, el 75% de los chilenos piensa que Bachelet no terminará con el lucro.

La Nueva Mayoría podría llegar a obtener los votos en el Congreso para aprobar la reforma educacional, aunque se espera que enfrente la visión crítica de los movimientos estudiantiles y sociales. Eso sí, de su lado tendrá a los exlíderes estudiantiles que fueron electos diputados, como Camila Vallejo, del Partido Comunista. Como ahora el PC forma parte del oficialismo, es difícil que figuras como Vallejo puedan desprenderse de las órdenes de su partido, que apoyan a Bachelet.

En sus primeros 100 días de administración Bachelet -una médico socialista de 63 años conocida por su simpatía y carisma-, espera también enviar al Congreso la reforma tributaria. Esta pieza es fundamental para su gobierno y cuenta con los votos legislativos necesarios para su aprobación (mayoría simple). Con esta reforma, Bachelet pretende aumentar la recaudación tributaria, hacerse cargo del déficit estructural del gobierno de Piñera e introducir nuevos mecanismos que incentiven el ahorro y la inversión.

Al referirse a la reforma tributaria, el futuro ministro de Hacienda, Alberto Arenas, dijo  que el nuevo gobierno recibirá una economía desacelerada y proyectó un crecimiento de apenas el  2,3% en  el primer semestre de este año. Las cifras económicas han empañado el final de la administración de Piñera y el gobierno salió a responder las críticas de Arenas, al señalar que en 2010, ellos heredaron de la gestión de Bachelet una economía en recesión. “Es mejor hacerse cargo de una economía en desaceleración que en recesión”, arremetió el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

Desafíos

Al igual como ocurrió en 2010 cuando Piñera asumió la Presidencia, existen altas expectativas de que Bachelet enterrará los vicios de la antigua Concertación y que realmente se avanzará en reformas importantes. Sin embargo, el nuevo gobierno podría encontrar obstáculos en el Congreso y también verse acorralado por sus propias promesas. De hecho, el comienzo de la nueva era Bachelet no ha sido el mejor por los cuestionamientos a sus subsecretarios. Además, la futura subsecretaria de las Fuerzas Armadas está muy cuestionada, ya que es hija de un exoficial acusado de torturas durante la dictadura de Pinochet. Para Bachelet, el tema de los derechos humanos es algo   sensible por su propia historia de vida. No obstante, ha salido en defensa de su colaboradora.

La controversia por los subsecretarios ha revelado que en Chile ahora existen nuevos estándares para la política, con chilenos más exigentes y más incrédulos. Bachelet será la primera presidenta que repetirá su mandato en Chile en los últimos 61 años. En 1952 lo hizo Carlos Ibáñez del Campo.

Por otro lado, al menos por este año, no se esperan mayores novedades en la apuesta por cambiar la Constitución heredada de Augusto Pinochet. La Nueva Mayoría no tiene los votos para cambiar la Carta Magna, por lo que necesitará negociar con una derecha  dividida o bien convocar a una Asamblea Constituyente, algo que los analistas visualizan como poco probable. En el plano externo, el problema más complejo es el reclamo marítimo presentado en La Haya por el Gobierno boliviano de Evo Morales.

De todos modos, en los últimos días Bachelet se ha mostrado autocrítica de su antigua gestión y, por ejemplo, ha reconocido que el Transantiago -el sistema de transporte público implementado en su gobierno- fue un grande error. “He aprendido la lección”, reconoció esta semana. “No basta que la política se vea buena, sino que sirva para la gente involucrada”, concluyó.