Ecuador: la Sociedad del Conocimiento Libre y en Abierto

Kay Levin y Virginia Uzal
Periodistas integrantes de la Comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

“Los neoliberales impulsan los paraísos fiscales. Nosotros vamos a impulsar los paraísos del conocimiento, el conocimiento del bien público y de acceso abierto”. Esto afirma Rafael Correa, presidente de Ecuador.

Con esta atrevida sentencia apuestan en el país amazónico por un programa completo de medidas enfocadas hacia un sistema productivo basado en el conocimiento libre y colectivo. La iniciativa más destacada es la de la FLOK Society.

Este proyecto pretende ser el afluente que nutra ese paraíso del conocimiento, puesto que su principal objetivo es hacerlo accesible y libre para toda la sociedad. Sus mismas siglas lo recalcan: Free, Libre, Open Knowledge (conocimiento libre y abierto) Pero ¿en qué consiste?

Como explicaba en noviembre de 2013 el presidente ecuatoriano, se trata de saltarse la norma no escrita sobre la división internacional del trabajo (que distingue a los países industrializados de los productores de materia prima) y crear alternativas para lograr un modelo procomún digital en la red global: desde Ecuador y para el mundo.

Este modelo surge de la necesidad de empoderar a la sociedad a través de un conocimiento que esté al alcance de todos y del que pueda participar cualquier ciudadano. Es un cambio de matriz productiva orientada al bien común, y también un cambio de paradigma, de liberar en vez de privatizar, cuyas posibles consecuencias sociales y económicas pueden ser una señal más de cómo el continente sudamericano está convirtiéndose en el edén de las alternativas al anquilosado sistema neoliberal.

Las raíces de este paisaje del procomún son sin duda ancestrales. Se asientan en el “sumak yachay”, concepto de la filosofía del pueblo quechua. Significa `buen conocimiento´, basado en la armonía entre éste y el ser humano. De esta forma, se busca, se genera y se abre a la comunidad el saber y las técnicas necesarias para producirlo en la era digital. Utilizar el universo de internet inspirándose en la milenaria cosmología andina para hacer una revolución del siglo XXI. Es la clave que explica este intento de impulsar una sociedad que deje de lado la competitividad y la exclusividad del copyright, para lograr un desarrollo comunitario basado en la colaboración y el conocimiento libre y compartido.

Imagina una sociedad que está conectada al procomún del conocimiento abierto, basada en el código y diseño libres y abiertos, que pueden ser utilizados por todos los ciudadanos (…). Imagina una economía ética y sostenible que se basa en la creación de una riqueza común cooperativa”. Esto dice la Carta a los Trabajadores del Procomún del mundo de la FLOK.

Suena a sueño, a construir la utopía online, pero empieza a ser interesante cuando estamos viviendo cómo toma forma: se ofrece sin contrapartidas para que cualquier ciudadano, hacktivista o periodista participe en su formulación (la próxima reunión abierta es ahora a mediados de marzo en Quito), y se beneficie de su uso. Sin contrapartidas, sin reglas piramidales ni estructuras de poder verticales. Porque el objetivo de la idea es compartir el valor del conocimiento, no su precio. Para todos y todas.

Esa es la esencia de la democracia, una democracia que no puede limitarse al Parlamento, sino que debe desbordar campos como la economía, el conocimiento, las redes digitales…

Se acabó la privatización del saber que impone el capitalismo cognitivo, dice Correa. El paraíso no puede ser para unos pocos. En cuanto a su relevancia para los medios de comunicación, este espíritu de cambio lo refleja en su repetida frase: “Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta”.

Quizás literalmente no sea así, pero es cierto que hasta ahora son los ejecutivos y las corporaciones detrás de los grandes imperios mediáticos quienes se salvan de los recortes y EREs y determinan la agenda de temas a seguir por la opinión pública. Sus desmanes, sus acusaciones infundadas y mentiras monetarizadas, son escondidas siempre por la bandera de la “libertad de prensa”. Una bandera que nunca debiera ser manchada.

También existen dudas sobre de qué color quedará esa bandera tras la aprobación de la nueva Ley de Prensa del “Gobierno de la Revolución Ciudadana”, como se autodenomina el ejecutivo ecuatoriano. La primera polémica surgió con la sanción a un caricaturista por criticar una acción del Gobierno. Aún no está claro el futuro del periodismo actual

Sin embargo, estas propuestas no hay que mirarlas como un caso aislado, ni desde un único foco, puesto que la idea se ve más clara desde una perspectiva global. Es un vértice más de una estructura de internet alternativa que surge en torno a esta plataforma pero con una filosofía que va más allá, saltando de la red a la realidad y viceversa. Es la misma filosofía que inspira al Uruguay de Mujica con el Plan Ceibal (como ya elogiaba el relator de la ONU, Frank La Rue). De nuevo, los latinoamericanos regalándonos un ejemplo de solidaridad y dignidad.

El planteamiento que comienza ahora en Ecuador bebe de muchas fuentes: siembra esperanzas, pero también plantea algunas dudas. Lo que es un hecho es la decisión de invertir en un modelo que permita no ser dominados y colonizados tecnológicamente (y esto no ocurre sólo en Latinoamérica). Es coherente con la línea seguida en los últimos años a nivel internacional, la de defender esa bandera blanca de la libertad que ahora enarbola Assange, protegido precisamente por la Embajada ecuatoriana en Londres desde hace más de 600 días. La misma que, queriendo y no, ilustra Snowden con sus revelaciones, y cuyas consecuencias potencian aún más las posibilidades de que, con voluntad política, la base de internet deje de estar subyugada al orden y la ley del más fuerte.

Porque, como dijo el libertador: “Más que por la fuerza, nos dominan por la ignorancia“.


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