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Protección a los pescadores se pidió en Baño de la Cruz

Florencio Rodríguez Prudente, de 47 años, portaba casco dorado, capa roja, traje blanco y una lanza. La tarde de ayer dejó su oficio de albañil para formar parte del grupo de soldados romanos que guiaron la procesión del Baño de la Cruz, que se realiza en Santa Elena desde hace más de cuatro décadas.

“Desde los 16 asisto a la procesión porque el sacrificio de caminar más de 3 km con sol sirve para renovar el alma y en la parte final, cuando se sumerge la cruz en el agua, es el arrepentimiento y limpieza de los pecados”, dice antes de iniciar el recorrido desde la iglesia Emperatriz, en Santa Elena, avanzó por la av. Francisco Pizarro (la de la terminal) y finalizó en la playa de Ballenita.

Jenniffer Borbor, de 22 años, cargaba a su primo que ayer cumplía 3 años. Estaba en silla de ruedas por una parálisis. “Vengo desde hace seis años, necesito dar gracias”, expresa. Su mamá, Emma Flores, detalla que los médicos le dijeron que Jenniffer solo podría resistir hasta los 15 años por su padecimiento. “Vengo todos los años, porque Dios le ha permitido seguir con vida”, dice.

Exhausta caminaba María de Jesús Flores, de 68 años. “He venido a pedir por la salud. Soy hipertensa y casi no puedo caminar. Pido por mi esposo que tiene artrosis y mi papá que sufre de cáncer”, lamentaba.

“Los discípulos de Jesús eran pescadores. Jesús les enseñó a pescar. Este acto está muy relacionado con el trabajo del pescador, por eso se le entrega la cruz a los pescadores en Ballenita, para que proteja a todo nuestro pueblo de cualquier tragedia”, refiere.

Sara Domínguez, de 56 años, dice que este recorrido es una de las tradiciones más representativas de los peninsulares. Asistió con su hija y 5 nietos. “Mis padres me traían desde los 7 años”, evoca.

Decenas de personas llegaron al malecón de Ballenita. Allí se bajó la cruz a la playa. Luego de tres sumergidas y oraciones, los fieles la retiraron del mar y la llevaron a la iglesia del lugar, donde se ofició una misa.

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