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Ecuador: ¿conquistas laborales?

GABRIELA CALDERON DE BURGOS  el ojo dirgital

Cada 1 de mayo, los trabajadores celebran las ‘conquistas laborales’. En un país donde los trabajadores del sector formal, tradicionalmente…

04 de Mayo de 2014

Cada 1 de mayo, los trabajadores celebran las ‘conquistas laborales’. En un país donde los trabajadores del sector formal, tradicionalmente una minoría de la fuerza laboral, exigen como derechos el reparto de utilidades, el décimotercero, el décimocuarto y demás beneficios adicionales a su salario, vale la pena recordar que muchas veces hay políticas que tienen la consecuencia de perjudicar precisamente a quiénes se proponen beneficiar. La política laboral ecuatoriana, que no ha variado en su espíritu antes y después de la ‘Revolución Ciudadana’, es un ejemplo de esto.
Muchos parten de la idea de que los empleadores, libre del control estatal, siempre explotarán a los trabajadores. Tenemos presente imágenes lúgubres de las fábricas durante la Revolución Industrial, con condiciones laborales que hoy consideramos sumamente precarias. Los datos del historiador T.S. Ashton, no obstante, reflejan otra historia. Entre 1790 y 1830, el período más intenso de la industrialización, tuvo lugar un impresionante aumento en la calidad de vida del inglés promedio. La población aumentó considerablemente debido a la caída de la tasa de mortalidad y este aumento de la población no causó una depresión en los salarios, como lo había predicho Malthus, sino que la renta per cápita creció a una tasa que superaba la tasa del crecimiento de la población. Las innovaciones tecnológicas hicieron posible por primera vez la producción para consumo masivo, poniendo al alcance de muchos productos que antes eran considerados lujos.
Es cierto que las condiciones laborales durante la era de Revolución Industrial eran deplorables en comparación a lo que nos hemos acostumbrado hoy. Pero no es cierto que antes de esta época los trabajadores estaban mejor. Esta revolución vino a liberarlos de pertenecer a algún gremio autorizado por algún monarca. Además, el simple hecho de que la migración del campo a las fábricas fue voluntaria revela que los trabajadores preferían las condiciones de trabajo ofrecidas en las fábricas (1).
Esa falsa concepción de la historia, deriva en paraísos laborales diseñados por políticos que suelen beneficiar a un selecto grupo de personas al fomentar la informalidad. En Ecuador, a pesar de todos los cambios en política laboral, la tasa de subempleo a nivel nacional sigue estancada entre un 58% y 59% desde 2007 (2). No encontré una serie de empalme para comparar los datos calculados con la misma metodología, pero utilizando los datos que localicé parecería que esto no es muy distinto a lo que sucedía durante la ‘larga noche neoliberal’: la tasa promedio de subempleo entre 1979-1999 fue de 46,5% (3).
Si a los empresarios no se les permite disponer libremente de sus ganancias estos tendrán menos recursos disponibles para invertir en bienes de capital que luego puedan hacer más productivo a cada uno de sus trabajadores. En sociedades donde se ha permitido un mayor grado de libertad en el uso de las ganancias, hay una mayor tasa de capitalización por trabajador y en gran parte por eso es que, por ejemplo, un trabajador automotriz estadounidense gana mucho más que su contraparte en Ecuador. De esta manera, el reparto de utilidades obligatorio condena a los trabajadores ecuatorianos a tener un menor nivel de productividad y, por ende, un menor salario.
Para mala fortuna de los trabajadores alrededor del mundo, parece que a muchos les cuesta entender que no hay peor empleo que el que no se tiene.

 

Referencias
1. Calderón de Burgos, Gabriela. “Los trabajadores y la revolución industrial”. ElCato.org. 3 de mayo de 2013.

3. CORDES. “30 años de democracia y progreso”.