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‘El Presidente tiene que dejar de ser maleducado’

DIARIO HOY Publicado el 06/Mayo/2014 | 00:52

20140505223622El personaje: Ingeniero Agropecuario. Prefecto del Azuay desde 2004. Vicepresidente de la Organización de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos. Tiene una Maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Andalucía

Paulina Rivadeneira N.

Redacción Política

La entrevista

Este será su tercer período como prefecto del Azuay. Antes estuvo auspiciado por Alianza País. ¿Qué tanto de los acuerdos programáticos mantiene?

Hay que precisar que en el período anterior fui candidato de una alianza entre mi movimiento con Alianza País (AP). Nunca pretendí ser parte de la estructura política de AP. Ahora pasamos de un modelo en el que hablábamos de un socialismo en democracia, en el que creíamos que el Estado debía regular el proceso de desarrollo de la población, a un modelo que llamamos “democracia radical”, en el cual el punto medular es la participación social. Dejamos de ser sectarios para ser democráticos. Uno no puede poner un solo color y una sola visión a todo el mundo. Hay que gobernar por la diversidad. Además creemos en una sociedad de derechos y libertades. No se nos cruza por la mente un Estado persecutorio o totalitario que genere una política pública homogénea y que quiera ponernos a pensar a todos de la misma manera. Creemos en un modelo de democracia económica: si antes pensábamos en distribuir riqueza, hoy pensamos en el modelo social de la producción. Es decir, en el que la gran masa de la población deje de ser empleada y pase a formar parte del proceso de producción.

Usted dice: “Dejamos de ser sectarios”. ¿La izquierda siempre fue sectaria?

Indudablemente. Hay algunos que hasta ahora lo son. Hemos sobrevivido, en términos políticos, quienes podemos sentarnos con todo el mundo. Me indigna saber que hay gente que plantea que conversar con el resto es traición. Ese es el sectarismo, y en este Gobierno hay más sectarios que en ningún otro lado, retrógradas de la democracia.

El Presidente hizo una crítica a AP en ese sentido, después de los resultados del 23-F. ¿En Cuenca el sectarismo fue el culpable de la pérdida, cómo él señaló?

Ese es un análisis, pero creo que el primer sectario es el Presidente, cuando define como traidores o enemigos a todos los que difieren en su pensamiento. En democracia, uno debe aprender a vivir con diversidad, y eso implica no solo las diferencias geopolíticas, étnicas, sino también la manera de ver la vida y de pensar. El gran reto es administrar el país entre todos. Ese es el Ecuador y con eso hay que gobernar.

¿Ese fue el reto que Alianza País no pudo cumplir?

No. Y no aprende todavía. AP es la partidocracia en esencia. En algún momento se modernizó, pero ahora más que nunca es partidocracia, en el sentido de no entender la diversidad y no ser cercanos a la realidad. Perdieron las elecciones porque no entendieron eso, porque no tienen conocimiento de la realidad y porque construyen su proyecto político desde arriba.

Los que pensamos de forma plural debemos construir un modelo distinto. La gente no habla ni de derecha, ni de izquierda ni de centro. La gente lo que quiere es que se le resuelvan sus problemas, y en esa perspectiva hay que ponerse de acuerdo y ser pragmáticos.

Los que no estamos en AP debemos ponernos de acuerdo y demostrar a Ecuador que hay una forma distinta de hacer las cosas.

¿La oposición ya se puso de acuerdo? ¿Usted ya lo ha hecho?

Yo no soy de oposición. Hay cosas que he apoyado y hemos coincidido con el Gobierno. Esa es la diferencia en democracia. La gran lección de las elecciones locales es que ganaron las alianzas. Quienes tuvieron la capacidad de dejar el sectarismo y los intereses político-partidarios. Los grandes perdedores a nivel nacional son AP y el movimiento Creo, que no tienen ninguna diferencia en su forma de actuar. Caudillistas, con líderes que piensan que por su imagen generan adhesiones. Ganamos quienes logramos hacer consensos, es decir, una alianza desde el centro hasta la extrema izquierda. No fue una alianza formal, fueron acuerdos respetando la palabra. En Azuay, por ejemplo, SUMA no puso candidato. Además, nos pusimos de acuerdo con movimientos como el que auspició al alcalde electo, Marcelo Cabrera. Yo no he sido parte de procesos de diálogo nacional. Estoy concentrado en la Prefectura.

Las elecciones ya pasaron. Sin embargo, de aquí en adelante debe haber un proyecto de construcción  política. ¿Usted ha tenido diálogos con otros sectores?

En términos de gestión pública, el éxito es que esas alianzas se mantengan y generen gobernabilidad en la administración pública. Efectivamente, creemos que hay que hablar con todos, incluido el movimiento oficialista. Y el Gobierno debería gobernar y administrar los territorios con quienes ganamos las elecciones. No se trata de recursos. Se trata de ponernos de acuerdo respetando los niveles jerárquicos y de competencias que cada uno tiene. Estamos intentado ese proceso de administración colectiva.

¿Cuál es el proceso de articulación de los gobiernos locales, cuyos partidos y movimientos no son de AP? ¿Usted ha hablado, por ejemplo, con los alcaldes electos de Quito y Guayaquil? El año 2017 está a la vuelta

En lo que se refiere a Pachakútik, la idea es que podamos tener un programa alternativo en lo local. De igual forma nos hemos reunido con SUMA, con el alcalde Mauricio Rodas. La idea es ir articulando procesos que respondan a la realidad pero que sean el concepto de inicio de la gobernabilidad en el país. No necesariamente con miras a 2017 ni 2021, sino pensando en una propuesta distinta, un modelo de Estado con enfoque territorial.

Puntualmente, ¿cuáles han sido los acuerdos a los que han llegado en esos diálogos?

Uno, generar procesos de participación; incluir a la gente. Dos, la posibilidad de intercambiar experiencias y defender la descentralización y autonomías territoriales. Tres, acuerdos programáticos para asociarnos y tener posiciones comunes.

¿Eso incluye unificar posiciones con respecto al tratamiento de leyes? El borrador al proyecto de Ley de Ordenamiento Territorial y Uso de Suelo levantó el avispero entre las autoridades locales.

Efectivamente. Ese proyecto es una aberración y debe ser descartado porque plantea que cualquier ordenamiento territorial debe de pasar por dos instancias del Estado central. Califican las vías urbanas como aquellas que tienen asfalto, cuando hay vías urbanas que son de tierra. O que la línea de fábrica que aprueba el Municipio sea vetada por el Gobierno. Además se atenta contra la propiedad privada, porque quita el derecho de indemnizar. Nos quita competencias a los gobiernos locales. Con una ley así, mejor que desaparezcan los municipios.

El alcalde electo de Cuenca, Marcelo Cabrera, tiene muy buenas relaciones con el presidente Correa. ¿Eso no genera ninguna fricción al interior de su alianza?

De ninguna manera. Hay un estrategia clara del Gobierno central para intentar dividirnos. Pienso que la alianza está más sólida que nunca. Hemos hablado con Marcelo: si por la provincia se necesita trabajar con el Gobierno, no tenemos ninguna oposición al respecto. Obviamente, nos tendremos que poner de acuerdo en los puntos clave. Por ejemplo, el Presidente apoyó a la candidata del oficialismo que en campaña dijo que con $500 millones se soluciona la vialidad de la provincia. Nosotros estamos haciendo consultas en asambleas para ver qué dice la gente. Pero si el Presidente ofreció eso a la provincia, ahora tiene que cumplir.

¿El alcalde Cabrera es el nexo con el Gobierno?

Ningún nexo. Simplemente, como autoridad, tiene que trabajar con todos. Nosotros hemos aprendido a administrar la provincia con Gobierno y sin Gobierno.

¿Usted se ha reunido con el Presidente?

Nunca. Ni cuando era aliado. Una vez, en Guayaquil.

Pero usted habla de no ser sectario, de reunirse con todos. ¿Por qué no aceptó la invitación al almuerzo que Carondelet hizo a las autoridades electas?

Yo no soy lacayo de nadie. No comparto la lógica de el sábado te insulto, el martes de invito a que te sientes en mi mesa y después te insulto de nuevo. Hay que cambiar la cultura política de este país. El Presidente tiene que aprender a tratar a la gente. Tiene que dejar de ser maleducado. En política no hay enemigos: hay adversarios. Yo soy un hombre de izquierda, mucho más que él,  mucho más progresista. Que nos trate mal es un irrespeto para quienes votaron por nosotros.

Es decir, ¿usted no acepta invitaciones a comer pero puede mantener una agenda de trabajo con el Presidente?

Indudablemente. En un marco de respeto. Nosotros lo hemos invitado. Hemos intentado acercamientos. Está invitado a nuestra posesión, como todos los funcionarios del Gobierno. Que en el marco de las diferencias encontremos puntos de acuerdo y sobre eso trabajemos. Esa es la propuesta.

Ahora que las autoridades locales de Cuenca no son de AP, ¿usted vislumbra que el tratamiento del Presidente va a ser igual que con Guayaquil?

Ya ha pasado. Ese es el modus operandi de ciertos sectores del Gobierno. Es decir, la duplicidad de funciones, el enfrentamiento, la imposibilidad de dialogar. En territorio, las unidades del Gobierno son clientelares y, después de las elecciones, lo son aún más. Es un problema de estructura, él ni siquiera sabe ese tipo de cosas, más que del propio presidente. Vislumbro que en Cuenca va a seguir pasando eso, al igual que en el resto del país. No veo un proceso de reflexión.

Si es un problema común, ¿cuál será la estrategia política de las autoridades electas que no pertenecen a AP?

Más que una estrategia política hay términos de coincidencia en temas técnicos. Por ejemplo, intercambio de experiencias para generar participación social. Herramientas técnicas para fortalecer la descentralización y las autonomías. Lo que se está conversando ahora son los proyectos de ley. Nos ponemos de acuerdo en posiciones.

Es decir, ¿no hay acuerdos políticos?

Creo que no.

¿Eso significa que los movimientos y partidos no se van a unir?

Es parte del proceso. Lo interesante es que podamos empezar por algo, por intercambiar experiencias y apoyarnos. Mostrar cómo se debe administrar territorios con un modelo distinto y exitoso, con equidad y justicia.