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Tragedia en Las Cámaras las obligó a vivir conectadas a un dispositivo

Sus vidas cambiaron radicalmente el 2 de julio del 2012 tras el incendio en el edificio Las Cámaras, en el norte de Guayaquil. Aquel siniestro trastocó también a sus familias y alteró sus planes y rutinas diarias.

Además de ser compañeras y de haber estado aquel día atrapadas en el cuarto piso, con un denso humo, actualmente comparten las mismas angustias, sensaciones y sentimientos.

Sus vidas dependen ahora de un tubo que les insertaron por la tráquea para poder respirar; de cuidados extremos y de varias operaciones consideradas riesgosas. Son Nathaly Andrade Andrade, de 30 años, diseñadora, y Priscila Loor Intriago, de 36, auxiliar contable de la Cámara de Industrias.

Ambas estarán pendientes hoy de la reanudación del juicio por este caso en el Décimo Tribunal de Garantías Penales del Guayas. Ellas estuvieron la semana pasada en Bogotá, Colombia, por las operaciones a las que deben someterse.

Mariuxi Castañeda Alvarado, de 34 años, hija de Jackeline Alvarado, quien murió en el incendio al soltarse de una soga por la que intentaba descender para salvarse, también seguirá de cerca el proceso.

Ella trabaja ahora en la empresa a la que su mamá consideraba su segunda casa. Lo hace en el mismo cuarto piso donde quedó atrapada su progenitora con otras compañeras, entre ellas Nathaly y Priscila.

Las tres mujeres piden justicia y que se dé con los responsables del incendio, que dejó cuatro víctimas mortales y más de doce afectados.

Nathaly y Priscila dicen que jamás imaginaron ver morir a sus compañeras y sentirse cerca de la muerte. La segunda cuenta que ese día había llevado a su hija de 3 años al trabajo porque no tenía con quién dejarla y que iba a estar poco tiempo en el lugar.

Recuerda que para salvarla tuvo que lanzarla del cuarto piso a una sábana que un policía abrió abajo. Tuvo éxito. Cuenta que quienes estaban atrapados se desesperaban porque no había colchones donde saltar ni escaleras directas que llegaran hacia ellos, y que el humo los estaba ya matando.

“Lo que más me ha afectado es no poder ser una madre al 100%. Da coraje. Por ejemplo, no puedo leerle los cuentos a mi hija porque me quedo sin voz, sin respiración en la segunda línea”, dice Priscila, quien lleva ya cinco operaciones de reconstrucción laringotraqueal.

Nathaly, en cambio, tenía planes de ser mamá. Ahora, afirma, lucha primero por su vida. Tiene el 90% de la laringe quemada. Cuando estuvo en terapia intensiva, los médicos le pronosticaron horas de vida.

“Es una lucha diaria porque no sabemos si nos levantaremos respirando. En cada operación no sé si voy a salir con vida. Ahora en agosto tienen que abrirme el cuello y no sé si lo lograré”, cuenta Nathaly.

En su cartera no puede faltar el kit de limpieza para su traqueostomo. Su voz sale por este aparato con más dificultad. Le ha tocado utilizar papel y lápiz para comunicarse.

Nathaly y Priscila no pueden ir a la playa, a una piscina, hacer ejercicios ni estar en ambientes con humo, como en parrilladas. Y deben extremar cuidados al bañarse, porque si cae agua al traqueostomo, pueden morir.

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personas son procesadas por el delito de homicidio inintencional.

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