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EEUU:Por qué nunca deberías ir a un hospital en julio.¿Puede pasar en Ecuador?

Por Anthony Youn 
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Nota del editor: El doctor Anthony Youn es un cirujano plástico en el área metropolitana de Detroit. Es el autor de “In Stitches“, una memoria humorística sobre su infancia como asiático-americano y cómo llegó a ser doctor.

(CNN) – No te enfermes en julio. ¿Por qué? Podrías morir.

Un estudio reciente publicado por la revista General Internal Medicine informó sobre un aumento del 10% en las muertes hospitalarias en la enseñanza durante el mes de julio debido a errores médicos. Le llamamos a este aumento “El efecto de julio” y lo atribuimos a la llegada de nuevos internos y residentes.

Por lo general, los estudiantes de medicina se gradúan en junio y comienzan su primer año de residencia en julio. Este grupo de ansiosos internos nuevos invaden el hospital para aprender, cuidar a los pacientes, y tomar decisiones médicas. Hay un problema. Ellos no saben lo que hacen.

Como la mayoría de internos, llegué con cuatro años de instrucción médica en mi haber, un título de doctor junto a mi nombre y casi nada de conocimiento práctico en medicina. Aunque usaba la gran bata blanca de doctor, siempre mantenía en mis bolsillos manuales médicos compactos a los que llamábamos nuestros “cerebros periféricos” para compensar la falta de conocimiento de mi cerebro real. Gracias a Dios por estos manuales. De lo contrario, habría sido parte de “El efecto de julio”.

Mi primera noche de turno. Camino por un pasillo poco iluminado hacia la habitación de residentes; solo se escucha el sonido intermitente de un monitor cardíaco. De repente, se enciende una fuerte sirena. Una enfermera sale corriendo de la habitación justo frente a mí.

“¡Avisa que tenemos un código!”, le grita a la secretaria. La enfermera me ve y pregunta: “Eres residente, ¿verdad? ¡Necesito que te encargues de este código!”

Veo hacia la izquierda, a la derecha y hacia atrás.

Glup. Me está hablando a mí.

“De acuerdo”, digo, deseando que no haya notado que mi voz ha subido una octava.

La verdad es que acabo de terminar la orientación, la cual incluyó un curso de Soporte Vital Cardiaco Avanzado, pero no he dedicado un minuto a revisar el manual. Confesión: no me siento muy confiado.

Entro corriendo con la enfermera a la habitación del paciente. Veo en el monitor cardíaco que el paciente está en fibrilación ventricular, el ritmo cardíaco que precede inmediatamente a la muerte. Una enfermera aprieta una máscara de oxígeno, parada cerca de la cabeza del paciente. Una segunda enfermera coloca medicamentos en una sonda intravenosa.

“¿Qué debemos hacer, doctor?”

Mi mente se queda en blanco. No tengo una sola idea.

Saco mi “cerebro periférico”, y voy a la sección de “fibrilación ventricular”. ¡Aja!   Ya tengo el tratamiento. Cardioversión, comúnmente llamada descargas eléctricas.

[Con cardioversión, estoy usando un término general para restaurar un corazón a su ritmo correcto. ]

“¡Denme las paletas!”,   digo, alzando la voz.

La enfermera pone las paletas en mis manos y pone la potencia en el nivel adecuado.

“¡Despejen!”,   grito, y coloco las paletas sobre el pecho del paciente.

“¡ALTO!”, grita la enfermera.

Toma mis manos y coloca las paletas en una posición distinta sobre el pecho del paciente.

Un segundo más y habría acabado con su hígado.

“¡Despejen!”,   grito de nuevo, y presiono el botón de desfibrilación.

El paciente se sacude levemente y por un instante, el monitor cardíaco enloquece. Luego se detiene por completo. Nos quedamos quietos, viendo el monitor durante lo que parecen minutos, esperando su nuevo ritmo cardíaco.

Bip… bip… bip…

Normal.

Está a salvo.

Dejo escapar un suspiro de alivio.

Luego de algunos segundos, varios residentes entran en la habitación y se encargan de la situación. Me aparto con gusto. Vuelvo a la habitación de residentes, feliz porque he salvado a un paciente, y asustado porque casi cometo un error que le habría costado la vida. He aprendido mi lección. Saco mi libro del corazón y lo estudio de principio a fin hasta que amanece.

Todos – incluso los doctores, especialmente los doctores- tienen que aprender y practicar para llegar a ser competentes. Los internos empiezan como novatos, no como veteranos experimentados. La experiencia toma tiempo.

Así que si tienes que ir al hospital en julio, trata a los nuevos internos con paciencia y respeto.

Luego comprueba con tu enfermera para estar seguro que saben lo que están haciendo.