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El deseo de 6 jóvenes en Quito por ir a la U. supera todo obstáculo

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Los adolescentes asisten a un colegio ubicado en el interior del Mercado Mayorista. Ellos alcanzaron 900 puntos en la prueba Ser Bachiller.

Martha Toaquiza (17 años) se tituló pese a tener horarios extensos de trabajo. Labora en un puesto de jugos. Foto: FERNANDO SANDOVAL/EL TELÉGRAFO

El sueño vencía a Fausto Toaquiza Tigasi durante la clase. Era el último año de estudios y el joven debía  aprobar el tercero de bachillerato con las mejores calificaciones. Lo complicado fue que en ese momento su realidad no era la misma que la de otros jóvenes. Trabajaba como cochero en el mercado mayorista y sus jornadas se extendían hasta la madrugada.

Una realidad similar vivía Martha Toaquiza, quien laboraba -los fines de semana- en un puesto de jugos naturales en el mercado. Además, de martes a domingo ayudaba a su madre desde las 24:00 hasta las 06:00 a preparar bolsas de granos para venderlas en el mercado.

Dicen que el esfuerzo siempre trae resultados y no se equivocan. El pasado 16 de julio Fausto y Martha recibieron una noticia que cambiaría el rumbo de sus vidas y de sus 4 compañeros de aula. Todos lograron buenas notas y finalmente se graduaron. Para ellos, la titulación es la ‘visa’ para ingresar a la universidad.

También recibieron una segunda buena noticia: Los 6 (Fausto Toaquiza, Inti Agualongo, Samuel Paucar, Beatriz Maribel Cuenca, Martha Cecilia Tigasi y Martha Clemencia  Toaquiza) obtuvieron un promedio de 900 puntos en las últimas pruebas que aplica el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineval) para medir los conocimientos en matemáticas, lenguaje, ciencias naturales y ciencias sociales.

“Fue una noticia que nos puso contentos, todos nos esforzamos en estudiar. Nuestros padres se pusieron felices porque hacemos el esfuerzo de ir al colegio y también de ayudarlos”, comenta Martha, quien ya se inscribió en línea en el portal de la Senescyt para dar en septiembre el Examen Nacional de Educación e ingresar a la universidad.

Ella quiere estudiar Administración de Empresas y tener su propio negocio textil. Algunos de sus compañeros, en cambio, quieren ser médicos e ingenieros. Al resto aún les asalta la duda. Ellos son estudiantes de la Unidad Educativa Tránsito Amaguaña, ubicada en el Mercado Mayorista en el sur de Quito. En el pasado, ser bachiller era un sueño lejano para estos jóvenes.

A Irma Gómez, directora de la institución, se le ilumina el rostro cuando habla de sus ‘guaguas’. Siente tanto orgullo porque confiesa que algunos no tienen ni una mesa para sentarse a hacer la tarea.

“Son jóvenes que provienen de familias indígenas de escasísimos recursos. Uno de ellos trabaja en el mercado con su triciclo, hay otro joven con discapacidad física que venía todos los días desde un cerro  a estudiar. Tenemos una madre de familia que se casó muy joven y traía a su hija a recibir clases”, comenta, mientras sonríe al recordar cuando los alumnos arrullaban a la pequeña de pocos meses.

Las clases aquí son distintas. A ningún niño se le recrimina si se duerme en el aula o llega tarde. “Nosotros nos adaptamos a sus necesidades, no ellos a las nuestras. Siempre decimos que la escuela no puede ser más dura que la vida”.

Los jóvenes reciben materias de la malla regular y otras adicionales como clases de quichua, de tejido y artes. En las 4 áreas, evaluadas  por el Ineval, los  6 jóvenes obtuvieron un puntaje de 8,75.
Inés Quishpi es profesora en varios cursos. La forma de enseñar es práctica y se relaciona con la cotidianidad. “Utilizamos los juegos y las canciones para enseñar. En matemáticas, para explicar de factoreo, ejemplificamos aspectos de la vida diaria”, dice.

En la graduación, los jóvenes zapatearon una danza típica de la Sierra y bordaron las máscaras de ‘diablo huma’ con las que cubrieron sus rostros. Aún les queda un largo camino, pero son luchadores.
No en vano siguen las enseñanzas de Tránsito Amaguaña (1909-2009), activista indígena y referente del feminismo en Ecuador.

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