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La agonía de cinco páramos colombianos

Informe muestra que en ninguno de los páramos analizados se cuida la biodiversidad.

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Mientras el Gobierno logra la delimitación de los páramos colombianos, se sabe que muchos de ellos no pasan por su mejor momento y están a la deriva, pese a que representan la esperanza hídrica para muchas regiones.

Sin embargo, luego de un análisis de más de un año realizado por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac), en el que se tomaron muestras de suelos que servirán de insumos para esa delimitación que lidera el Instituto von Humboldt, se descubrió que el panorama para estos ecosistemas puede ser aún más alarmante, y teniendo en cuenta que el Instituto solo recorrió cinco de ellos: Santurbán y Almorzadero (en Santander y Norte de Santander), Cajamarca y Las Hermosas (que se extienden por Tolima, Quindío, Valle del Cauca y Risaralda), y el páramo de Guerrero (Cundinamarca).

En ninguno predominó el cuidado de la biodiversidad. Se hace ganadería o agricultura que impacta y que nunca es sostenible. Y en los que hay minería, esta se desarrolla con técnicas nunca amigables con el medio ambiente, dice la investigación. Existen zonas en estos páramos donde hay excavaciones para buscar carbón sin controles sanitarios o ecológicos.

En muchos sitios se tumban frailejones para sembrar papa o cebolla y se introducen vacas que al recorrerlos compactan sus suelos. Así, se pierde su capacidad para absorber agua, y se contaminan los nacederos. Hay incluso caza ilegal de fauna silvestre.

Según Juan Antonio Nieto Escalante, director del Igac, estos resultados evidencian que estos ecosistemas están siendo afectados por las precarias prácticas agropecuarias, poniendo en peligro la calidad del suelo.

“Si en solo unos muestreos de suelo encontramos tal afectación ambiental, es de suponer que la situación general puede ser alarmante, aún más cuando el país enfrenta un fenómeno histórico de sequías”, explicó Nieto. Advirtió, además, que se encontró quema y eliminación de las coberturas vegetales que pueden intensificar las consecuencias del posible fenómeno del Niño, hoy en gestación.

“El Ideam ya prendió las alarmas por la llegada de este fenómeno, que se traduce en una intensa sequía. Con los páramos afectados por las prácticas agropecuarias, Colombia podría padecer de una crisis intensa por el recurso hídrico, ya que en ellos nacen los ríos y demás cuerpos de agua que surten a los acueductos”, dijo agregó Nieto.

“A pesar de la presencia de cultivos, el suelo en los páramos se vuelve un testigo silencioso de su evolución, por eso con las muestras podemos saber hasta dónde llega o por donde se extiende el ecosistema para definir su conservación”, explicó Germán Álvarez, subdirector de Agrología del Igac. Álvarez contó que este proceso toca muchos intereses, incluso de grupos armados. Tanto así que, en una salida de campo que buscaba tomar muestras de suelo en Cajamarca, la comisión fue atacada: el conductor José del Carmen Ramírez murió y la agróloga Liliana Niño resultó herida.

“El impacto sobre los páramos no se produce involuntariamente. Allí viven personas que necesitan subsistir y para las que se deben buscar soluciones e ingresos alternativos”, sostuvo Álvarez, quien apoya la idea de crear pagos por servicios ambientales para los campesinos que decidan dejar a un lado la ganadería o la agricultura y se dediquen a la preservación o incluso al ecoturismo.

Santurbán

En Santurbán, que está rodeado por 78 lagunas de origen glaciar y el nacimiento de más de 400 riachuelos de agua dulce, el Igac evaluó 81 mil hectáreas. Los impactos ambientales negativos ocuparon el 71 por ciento de la zona evaluada, principalmente por las precarias prácticas agrícolas y la adecuación inadecuada de vías, establecimiento de lotes, construcción de infraestructuras y disposición de residuos.

Allí la segunda amenaza más grave es la minería. También la pérdida de biodiversidad por el aprovechamiento de la fauna o extracción de zonas de bosque.

Sembrados de papa en pleno páramo de Santurbán. Campesinos prefieren cultivar allí para frenar el efecto de las plagas.

De Santurbán sale el agua que abastece a Bucaramanga, pero hay periodos en que la cantidad de cianuro y de mercurio, sustancias usadas en la minería de oro, aparecen por encima de los límites permisibles para el consumo humano.

Almorzadero

El Igac encontró 64 por ciento de impactos negativos, en su mayoría derivados de la agricultura. Se perdió gran porcentaje de su diversidad por quemas de frailejones. Lo peor es el impacto minero. A pesar de haber sido territorio sagrado de los U’wa y el páramo más importante para el agua de Santander, después de Santurbán, su conservación es problema central de los habitantes de Chitagá, Concepción y Cerrito y la provincia de García Rovira, por la presencia en el subsuelo de hasta 400 millones de toneladas de carbón antracita, uno de los más costosos. Contaminación atmosférica, pérdida de vocación agropecuaria y biodiversidad, conflictos por presencia de grupos armados ilegales y desplazamiento por expropiación son otros problemas de la zona.

Guerrero

Después de analizar 38.068 hectáreas de este páramo, el problema más frecuente son los grandes cultivos de papa y la transición de los ecosistemas de bosque a áreas de pasto. Hay agricultura artesanal, ganadería de extensión y minería. Este es el ecosistema de la sabana de Bogotá donde hay mayor proporción de hectáreas (7.757) con títulos mineros para la extracción de carbón.

La pérdida total de bosques fue de 9.287 hectáreas y de páramo de más de 6.000 hectáreas.

Estudios de la Universidad Nacional han determinado que la búsqueda de mayores niveles de producción de papa condujo a que amplias zonas del lugar fueran fragmentadas o loteadas para destinarlas al arrendamiento. También hay un profundo deterioro de la calidad del suelo.

Cajamarca

Situado a media hora de Ibagué, este páramo abastece no sólo a esta capital, sino al municipio que le da el nombre. Resiste la influencia minera, en este caso de la multinacional Anglo Gold Ashanti, que busca oro en la zona, y también es víctima de ganadería y cultivos agrícolas de papa, fríjol, arveja y maíz, que usan para el autoconsumo y comercialización a pequeña escala.

Los campesinos suelen cultivar y luego de dos o tres cosechas destinan los terrenos para la ganadería, especialmente de ganado bovino y ovino, de los cuales obtienen carne, derivados lácteos y lana.

Las amenazas para el páramo se acentúan porque parte de su flora es talada para usarse con fines medicinales, artesanales, alimenticios. También se tumban árboles para vender madera o para la construcción.

Las Hermosas

En 99.000 hectáreas analizadas, se diagnosticó que los atentados más comunes son la caza de animales silvestres y la quema del ecosistema para la cría de ganado. Por encima de los 3.000 metros de altura, hay muchos productores ganaderos, algunos de los cuales son conscientes de la preservación, pero otros llevan los animales al páramo. En la zona de Tenerife la ganadería es la segunda fuente de ingresos, luego de los cultivos de cebolla larga, según investigación de la facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Palmira. Para la investigadora Franci Gómez, el inadecuado uso de la ganadería podría afectar la química, física y biología del suelo, y la mitigación de la emisión de gases de efecto invernadero. El Igac comprobó conflictos por la explotación minera de oro por multinacionales y problemas de orden público en Amaime.

Tenemos más páramo

Cerca del 50 % de los páramos del mundo están en Colombia y el 70 % de la población del país vive del agua que producen.

Según informe del Instituto von Humboldt, el país tiene más territorios de páramo de lo que se creía hasta hace unas décadas. De 1’900.000 hectáreas que habían sido contabilizadas en la primera década del siglo XXI, el año pasado se comprobó que en Colombia hay 2’906.137 hectáreas.

JAVIER SILVA HERRERA
Redactor de EL TIEMPO