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Impresoras 3D con un toque ecuatoriano en el Campus Party

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Campus Party. Felipe Manosalvas y Paúl Mosquera presentaron, cada uno en un extremo diferente del galpón, a las impresoras 3D ensambladas en Ecuador.

Manosalvas (23 años), quien se ubicó en el área de emprendimiento, armó y diseñó su máquina con el 90% de piezas importadas (porque en Ecuador no las fabrican) y el 10% que encontró en el mercado local.

Algo similar ocurrió con Mosquera (19 años), quien elaboró en su propia máquina las piezas que le hacían falta.

Las impresoras 3D, a diferencia de las tradicionales, fabrican cosas. Por ejemplo, carcasas para teléfonos móviles, destapadores, muñecos, prótesis de partes humanas, partes de robots, edificios a pequeña escala y dependiendo del material a usarse, incluso objetos de cocina que pueden soportar altas temperaturas.

¿Cómo funciona? Una vez armada la impresora (cuyos manuales están en internet, pues es un software y hardware libre) se adquiere un rollo (1 kilogramo) de hilo de plástico o de otro material (plástico y madera), se programa el diseño en la computadora y se da un clic al tema a imprimirse y listo.

La máquina fabrica los objetos a más de 200 grados centígrados, que es la temperatura a la cual se derrite el hilo plástico. Si el material es más resistente, las impresoras fabrican los productos a unos 400 grados.

Manosalvas explicó que el plástico que sirve para imprimir es muy resistente, tanto que en el área médica se ha utilizado para sustituir partes del cuerpo.

Las impresoras 3D recién ingresan al mercado ecuatoriano, valoradas en más de $ 700 y dependiendo de la calidad pueden subir hasta los $ 2.200. En el exterior esta tecnología apareció hace diez años.

Colección sustentable
La otra cara de la moneda, dentro del Campus, la puso Jorge Rivera, un enderezador automotor empírico, que apenas hace quince días se enteró de que su pasatiempo era talento.

En sus manos las piezas de equipos electrónicos botados cobran vida; las computadoras no llegan a su fin sino al inicio de una nueva forma de vivir.

Desde hace tres años, Rivera recicla este tipo de material y elabora piezas y objetos como carros de fórmula 1, helicópteros, vehículos 4×4, dinosaurios, camionetas, animales, robots, centrales eléctricas, triciclos y hasta un vehículo lunar.

Acompañado de su nieto, el abuelo campusero, quien dejó de trabajar hace cinco años, recordó que en esos tres años dedicados al ensamblaje dio forma a unos 35 objetos con piezas de hasta tres mil computadoras. Para dar vida a un carro se emplearán unas cien computadoras, explicó.

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