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Vuelos en la Amazonía con mayores probabilidades de sufrir accidentes

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Eran alrededor de las 10:00 del pasado martes cuando una avioneta de la compañía Aero Sangay llegaba al aeropuerto Coronel Edmundo Carvajal de Macas. La aeronave procedía de la comunidad de Cangaime, del cantón Taisha, también en Morona Santiago.

Fue contratada por el Ministerio de Salud para traer desde allí a una mujer en estado grave. Su esposo la había apuñalado y su vida corría peligro.

Esa mañana, en la pista de Cangaime había una “laguna” de alrededor de 25 metros que dificultaba su utilización, según Teodoro Molina, propietario de Aéreo Sangay. Pero, por la emergencia, una avioneta se movilizó al sitio para traer desde allí a la persona herida y que reciba atención médica.

Molina indica que, en muchas ocasiones, trabajan en esas circunstancias, con pistas que no están en las condiciones necesarias para su uso. Para él, este es un problema que se presenta en este u otros caminos de la Amazonía.

El coordinador de transporte multimodal del Instituto para el Ecodesarrollo Regional Amazónico (Ecorae), Víctor Hugo Mantilla, dice que hay 163 pistas reconocidas: 80 en Pastaza, 80 en Morona Santiago, dos entre los límites de Pastaza y Napo y una en Zamora Chinchipe.

Mantilla señala también que la mayoría de ellas no cumplen con estándares básicos para su óptimo funcionamiento, como son 1.200 m de longitud, una sala de espera, una torre de control, entre otras cosas.

“Son hechas (las pistas) con palas, con machetes, con picos, en mingas, son de tierra, así las hacen los pobladores de las comunidades ante la necesidad de movilizarse”, asegura el asambleísta de Pachakutik por Morona Santiago, Pepe Acacho, quien dice que “no hay apoyo” para que sean mejoradas.

En la actualidad, el Ecorae y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas están a cargo del mantenimiento de estas pistas y la Dirección de Aviación Civil (DAC) controla y regula la actividad aérea.

El director regional III de la DAC, Wilson Torres, explica que la función de la entidad es la seguridad operacional y que las pistas, pese a ser comunitarias, “son objeto de inspección” y se clausuran cuando están en malas condiciones hasta que la comunidad “haga los arreglos necesarios”.

Para Mantilla, las pistas sí son un factor que incrementa los riesgos de accidentes aéreos, pero añade que las variables condiciones climáticas de la zona como otros elementos (la capacitación del piloto, el estado de la aeronave) son los que, en la mayoría de los casos, generan el verdadero peligro.

Morona Santiago y Pastaza son las provincias de esta región con mayor número de rutas, por lo que en estos sitios es en donde se registran mayor número de accidentes.

En Macas, hay cinco empresas de aviación: Aero Taisha, Amazonía Verde, Aero Regional y Aéreo Morona (antes Aéreo Misional) con dos avionetas cada una y Aéreo Sangay con cuatro.

Según el administrador  de la Dirección de Aviación Civil en Macas, Marco López, en Taisha es donde más operaciones mensuales se registran (aproximadamente 2.000), con aeronaves de Macas y las avionetas de unas 14 empresas de Shell, Pastaza.

En los últimos dos años, siete accidentes se han producido en la Amazonía, al menos 16 personas han muerto y unas 19 han resultado heridas.

En el último suceso de este tipo, el pasado 1 de octubre, en la ruta Sarayacu-Shell, murieron cinco personas. La compañía dueña de la avioneta siniestrada fue sancionada con cuatro meses de suspensión porque, hace menos de un mes de este hecho, otra aeronave de la misma empresa cayó y dejó un fallecido.

El gobernador de Morona Santiago, Rodrigo López, indica que, en días anteriores, se reunió con los representantes de las compañías de aviación, a propósito de los últimos accidentes.

En este encuentro, López sostiene que recogió varios pedidos, entre ellos el subsidio para la compra de repuestos y de motores nuevos por el alto precio que estos tienen, además, la reducción en los costos de las importaciones que también dificultan su adquisición.

Pero para el prefecto de Pastaza, Antonio Kubes, otra falencia es que las comunidades no han sido equipadas para apagar el fuego o brindar ayuda en caso de accidentes.

En esto coincide José Gualinga, gerente de Aerosarayacu. “Las pistas requieren de un equipamiento mínimo, tiene que haber extintores”, dijo.

163 pistas comunitarias reconocidas hay en la Amazonía. La mayoría de ellas ha sido creada por pobladores, según el Ecorae.

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