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Francisco desafía a la Iglesia y a sus fieles a cambiar posturas sobre GLBTI

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En 1986 un escrito del Vaticano se refería a las relaciones entre homosexuales como “intrínsecamente desordenadas”. Quien escribió tal expresión fue Benedicto XVI, en ese entonces el principal consejero de temas teológicos para el papa Juan Pablo II.

Hace poco, el 4 de septiembre de 2014, Monseñor Antonio Arregui, de la Arquidiócesis de Guayaquil, cuestionó la intención de las parejas GLBTI. “Todo lo que sea ir hacia un reconocimiento de la unión matrimonial entre personas del mismo sexo viene a ser una distorsión de la columna misma de la sociedad”, expresó en televisión nacional. Y agregó: “Entiendo que la actividad gay es incesante… es como un virus que penetra un organismo, es lamentable”. Esta vez la Iglesia Católica cambia de discurso, al menos así estaría plasmado en un borrador preliminar redactado por 200 obispos reunidos en el sínodo, que se efectúa en el Vaticano desde el domingo anterior.

Tras más de una semana de discusiones, la Iglesia Católica mostró entendimiento frente a las uniones del mismo sexo y calificó a los homosexuales como seres que tienen “dones y atributos para ofrecer a la comunidad cristiana”.

El apartado ‘Acoger a las personas homosexuales’ se refiere a la relación de la iglesia con las personas gays. Aunque no incluye cambios en la condena de la iglesia al matrimonio o las relaciones homosexuales, asegura que las personas GLBTI “a menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos”. Por eso deja abierta la pregunta: “¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?”.

¿Cómo reaccionan los grupos católicos, fieles y laicos comprometidos a estos nuevos mensajes y posturas del Vaticano?

Avances y rechazos

En una conversación con periodistas durante su viaje de regreso de Brasil a Roma, el Papa dijo que él no era quién para juzgar a los homosexuales. “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”, señaló el pontífice.

Desde su llegada al Vaticano, Francisco I ha mostrado una postura diferente a la de sus antecesores. Para muchos, este primer borrador es un avance y un logro del Papa, pues los obispos reunidos no solo que discutieron el tema, sino que estarían abiertos a una apertura hacia grupos GLBTI.

Es decir Francisco estaría desafiando tanto a los obispos como a los fieles a adoptar una actitud más tolerante frente a personas GLBTI.

John Thavis, experto en el Vaticano y autor del exitoso libro de 2013 “The Vatican Diaries”, calificó el documento como “un terremoto” en la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales. “El documento refleja claramente el deseo del Papa Francisco de propiciar un acercamiento pastoral más misericordioso sobre los temas del matrimonio y la familia”, sostuvo en una entrevista a un diario colombiano.

Pero no todos están contentos, los obispos católicos conservadores están preocupados por esta aparente aceptación. El cardenal estadounidense Raymond Burke, titular de la corte suprema del Vaticano, se quejó de que la Santa Sede estaba difundiendo informaciones ‘manipuladas’ sobre la marcha del sínodo que no reflejaban “el número consistente de obispos” que se oponían al tono del documento.

¿Qué pasa en Ecuador?      

Aunque en el país hay cambios notorios con respecto a los derechos que tienen las parejas del mismo sexo, como la aceptación de la unión libre, aún hay posturas moralistas.

Ana Álava (70) cree que es pecado la unión de personas del mismo sexo y por ello no aprueba que la Iglesia tenga mayores consideraciones con ellas. Dice que está convencida por la enseñanza de sus padres que la relación de pareja solo debe ser entre hombre y mujer.

“Las personas homosexuales pueden entrar a la Iglesia, pero no deberían tener acceso a la comunión. Si cuando estamos divorciados sabemos que no debemos comulgar (…) no podemos recibirle a Jesús sin estar limpios, sin haber hecho una confesión, un arrepentimiento de nuestros pecados y un propósito de enmienda. Cómo van a dar un propósito de enmienda ellos si siguen en lo mismo”, cuestiona.

Segundo Guamaní (70) y Luis J. (21) concuerdan con Ana. Reconocen que las parejas homosexuales tienen derechos, pero consideran que si la Iglesia les diera más apertura como cristianos, la institución perdería credibilidad y eso provocaría decepción entre los feligreses. “Ellos como ciudadanos  tienen derechos,  eso todos lo reconocemos, pero la Iglesia no debería darles cabida, menos aún para el matrimonio o para adoptar niños”, asegura Luis.

En cambio para Édgar Velasco, de 60 años, y Luisa, de 79, la Iglesia debería darles más beneplácito. “A mi edad yo soy abierta, la gente debe vivir como quiere y siente. Estamos en democracia, donde uno puede ser libre, y eso tiene que atravesar todos los ámbitos posibles”, dice Luisa.

Con respecto al sínodo, el padre César Piechestein, director de comunicación de la Arquidiócesis de Guayaquil, asegura que de la discusión de obispos aún no sale nada concreto, pero tiene ya una postura. “Toda parroquia acoge a todas las personas, sin importar su preferencia sexual. Eso no significa que se consideren morales los actos inmorales, lo que es pecado, ha sido pecado y seguirá siéndolo. Como todos somos pecadores, estamos llamados todos a arrepentirnos y a cambiar de vida”.

No todos los sacerdotes católicos son tan radicales como César Piechestein. Por ejemplo William Jácome cree necesario que la Iglesia empiece a discutir ciertos temas en la época actual. Desde su postura, reconoce que los homosexuales tienen derechos que, incluso, están contemplados en la Constitución y por ello no sería justo “negarles la comunión ni los sacramentos porque son seres humanos”.

Joe Bacuy, presidente de la Federación Ecuatoriana de Ministros Evangélicos (FEME), es más tajante con su postura. “Ellos podrán tener su talentos, habilidades para incursionar en la sociedad como cualquier ser humano, rechazamos que se quiera interpretar los dones para poder incursionar en el matrimonio”, cuestiona.

¿Qué dice la comunidad GLBTI?

Víctor Pazmiño Gouffray es homosexual. Él se preparaba para ser sacerdote de la Iglesia católica romana, pero lo dejó porque, a su criterio, esta tenía un doble discurso sobre el amor y el prójimo. “Cuando suben al podio manejan un dialecto de rechazo hacia los gays, eso no me gustó, hizo que me alejara, y ahora en la Iglesia anglicana encontré un espacio en el que se practica lo que se dice”, asegura.

Personas de la comunidad homosexual ecuatoriana consultadas, rechazan la discusión del sínodo, porque si bien los aborda no reconoce su derecho a contraer matrimonio o adoptar, es decir aspiran a más.

Rosa Morales fue bautizada como católica, pero dejó de creer en la religión cuando sintió rechazo por ser lesbiana. “El decir que los obispos y el catolicismo reconocen nuestros dones es como si afirmaran que  nunca tuvimos ninguna cualidad que se pueda destacar. No creo que eso sea un adelanto”.

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