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El 48 % del empleo en Ecuador es ‘inadecuado’

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La jornada laboral de Olmedo San Lucas, de 31 años, dura lo que el tráfico de buses y la inseguridad le permiten. Este padre de una niña pasa de diez a once horas al día vendiendo discos piratas en los buses de Guayaquil. La ganancia depende, como él dice, más de la suerte. Lo poco que gana un día lo compensa en otro. En promedio obtiene $ 15 diarios, que al mes suman $ 360, trabajando de lunes a sábado. El domingo descansa.

A la pregunta de ¿estaría dispuesto a trabajar más?, responde: “No puedo, a veces quisiera extender los días para tener más oportunidades de vender”.

San Lucas comparte su informalidad con miles de trabajadores como Pedro Díaz, de 55 años, quien busca empleo en la vía a Samborondón (Guayas). Un día es estibador; otro, albañil o embalador en mudanzas, labores en las que gana unos $ 280 al mes y con lo que mantiene a sus dos hijas. Cree que lo suyo no debería considerarse empleo: “En el empleo uno tiene la seguridad de que llega el fin de año (y le dan) un bono y nosotros prescindimos de todo eso”.

Ambos no tienen acceso a seguridad social y sus ingresos mensuales pueden bordear o apenas superar los $ 340 del salario básico tras jornadas de más de diez horas diarias. Son actividades a las que la masa laboral recurre tras la búsqueda infructuosa de un empleo formal, a ese que Johnny Revelo, de 21 años, aspira luego de dejar su hoja de vida en un supermercado en el centro de Guayaquil.

Cuenta que en sus trabajos anteriores ha durado entre tres meses y un año. Que les falta experiencia, que no son bachilleres, que tienen mucha edad, que habrá recorte de personal, les dicen a los trabajadores como razones de los despidos.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) anunció esta semana una reclasificación de las categorías, en la que aparece que el 96,1 % de la Población Económicamente Activa (PEA) tiene un empleo.

Con el nuevo método, la ocupación plena, que incluye a los que ganan igual o más del salario mínimo, trabajan igual o más de 40 horas a la semana, “independientemente del deseo y disponibilidad de trabajar más”, pasó a llamarse empleo adecuado.

En tanto que los factores que marcaban el subempleo variaron. Antes se consideraba subempleados a los que ganaban menos del salario básico más allá de que deseen o estén dispuestos a laborar más, al igual que a los que trabajaban igual o menos de las 40 horas semanales legales y reportaban su deseo o disponibilidad de trabajar más. E incluso se incluía a los que ganaban igual o más del salario básico y los que trabajaban más o igual que la jornada legal, pero deseaban o estaban dispuestos a trabajar más (los inconformes).

Ahora el subempleo aparece como una subcategoría de lo que el organismo ha denominado empleo inadecuado. El INEC considera como subempleados a los que recibieron ingresos inferiores al salario mínimo y/o trabajaron menos de la jornada legal y tienen el deseo y disponibilidad de trabajar más.

Quienes no reporten ese deseo o el estar disponibles pasan a la categoría de ‘otro empleo inadecuado’. Bajo estos criterios, el subempleo pasó del 51 % de la PEA en junio pasado a ser el 12,5 % de la PEA en la encuesta nacional de septiembre.

Así, lo que para algunos de los trabajadores es un acto de subsistencia, el INEC lo considera como parte de la PEA que cuenta con un empleo inadecuado, pero empleo finalmente.

El titular de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, Pabel Muñoz, dijo el lunes pasado que la recategorización se dio por errores en la medición y porque las cifras del subempleo no reflejaban el crecimiento económico del país.

Esta nueva metodología fue anunciada dos días después de que el presidente Rafael Correa cuestionara en su sabatina del 18 de octubre que el subempleo estaba mal medido, pues se determinaba según la inconformidad del trabajador. Y ejemplificó que con base en ese criterio, él sería un subempleado: “Esta es una distorsión horrorosa impresentable y no está de acuerdo con las normas internacionales”.

Este grupo de los inconformes representó en marzo pasado el 3,7 % de la PEA, según el informe ‘Indicadores laborales marzo 2014’ del INEC, el último que detalla la composición del subempleo a nivel urbano. Estas personas pasaron a ser parte del grupo de empleo adecuado, que subió del 44,02 % en junio al 47,78 % en septiembre.

Aunque no responde a las declaraciones del primer mandatario, Byron Villacís, quien durante cinco años y medio dirigió el INEC y participó del cambio de metodología realizado en el 2007, afirma vía e-mail que con la recategorización el organismo está oficializando la palabra ‘adecuado’ sobre tipos de empleo ilegales. “Ahora lo ilegal es adecuado”, dice en referencia a que en este grupo se incluye a quienes no tienen seguro social, un derecho constitucional.

Considera que, además, se rompe la serie histórica, la vuelve incomparable y elimina la connotación de la categoría social del subempleo. “El problema no se resuelve cambiándole de nombre, se resuelve desagregando el subempleo y atacando cada subcategoría con políticas particulares: o es problema de salarios o de productividad, o de explotación. Con la nueva categoría de ‘adecuados’ especialmente la explotación será subestimada”, agrega Villacís.

Más allá de estos cambios, factores como la falta de aseguramiento social e ingresos promedio por debajo del costo de la canasta básica familiar siguen marcando al mercado laboral.

El último reporte trimestral del Banco Central del Ecuador indica que a junio pasado, el 46,1 % de la PEA de la zona urbana contaba con seguro social público. Mientras, según el INEC, el ingreso laboral promedio de los ocupados a nivel nacional fue hasta el 2013 de $ 352,6, el 57 % del costo de esta canasta que fue de $ 617.

Maritza Zambrano, presidenta de la Asociación de Trabajadoras Remuneradas del Hogar, con 300 afiliadas, señala que sigue el irrespeto a sus derechos, sobre todo en el grupo que labora puertas adentro, pues extienden la jornada según las necesidades de la casa y esas horas no se reconocen; mientras las que trabajan puertas afuera cumplen más de 8 horas diarias y no se las afilia. Este problema, asegura, se evidencia con más gravedad en Jipijapa o Esmeraldas, donde los sueldos alcanzan $ 30 o $ 50 al mes. “Si le pide que la afilien es despedida”, dice.

Mesías Tatamuez, presidente de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitarias de Trabajadores, considera que lo importante es cómo manejar el empleo real, entendido como un trabajo fijo, con ingresos asegurados y seguridad social: “Empleo digno para que haya salario digno”.

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