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A propósito de un discurso sobre interculturalidad

Por Danilo Tayopanta

Jaime Vargas, dirigente achuar y colaborador del Prefecto Marcelino Chumpi durante su intervención en la rendición de cuentas de este último habló de la Interculturalidad.

En la web hallé esta definición: “Se puede definir a la interculturalidad, como un proceso de comunicación e interacción entre personas y grupos con identidades culturales específicas, donde no se permite que las ideas y acciones de una persona o grupo cultural esté por encima del otro, favoreciendo en todo momento el diálogo, la concertación y con ello, la integración y convivencia enriquecida entre culturas”.

Pero la interculturalidad hay que promoverla, no sólo desde el discurso y no sólo desde el sector político.

Existen muchas formas de promover la interculturalidad en una sociedad. En primer lugar el trabajo reside en las familias, donde los niños deben criarse libremente, sin imponerles ideas o conocimientos estrictos, sino inspirándolos a pensar y perder el miedo a aquello que es diferente. En segundo lugar en las comunidades deben desarrollarse proyectos que busquen eliminar de forma progresiva los prejuicios y aquellas preconcepciones en torno a ciertos individuos o grupos. Por último, la integración debe promoverse desde los más altos cargos, permitiendo que cualquier ciudadano acceda a lo mismos derechos sin anteponer a la esencia del ser, sus capacidades, tendencias de cualquier tipo o su lugar de origen.

Aunque, de hecho, hablar de relación intercultural es una redundancia, quizás necesaria, porque la interculturalidad implica, por definición, interacción.

No hay culturas mejores y ni peores. Evidentemente cada cultura puede tener formas de pensar, sentir y actuar en las que determinados grupos se encuentren en una situación de discriminación.

Sugerir que el problema de la interculturalidad es simplemente un problema del tratamiento de los indígenas y no problema histórico y estructural de toda la sociedad se puede caer en fundamentalismos y etnicismos que muchas veces sirven para promover la parcelación y separación. También es de ceder al frente de la necesidad de construir una propuesta civilizatoria alternativa,a un nuevo tipo de estado y una profundización de la democracia que compromete a todos.

¿Podrán los políticos fijar acciones para no sólo construir obra física sino acercarnos unos a otros sin prejuicios y sin el interés por estar cerca del líder por conveniencias? O ¿Podemos como sociedad construir una interculturalidad no discursiva?
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