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Líderes, como Camila Vallejo, están en el Congreso y lejos de las calles

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En 2011 era una sola voz. Un movimiento estudiantil que salió a la calle para exigirle un profundo cambio al sistema de educación chileno al gobierno de Sebastián Piñera (centroderecha). Entonces, varios de sus líderes, como Camila Vallejo, fueron destacados por los más prestigiosos medios internacionales. Luego, cuando Michelle Bachelet postuló a la Presidencia en 2013, hizo suyo el mensaje de los universitarios y también de los estudiantes secundarios que protestaron durante su primera gestión (2006-2010) y que son conocidos como los ‘pingüinos’ por sus uniformes.

Pero las continuas demandas, intereses diversos y cambios de estrategia de los estudiantes han comenzado a pasarle la cuenta al movimiento, que comienza a exhibir falta de cohesión y unidad. No solo la reforma educacional que la presidenta Bachelet intenta llevar a cabo y que es discutida en el Congreso genera divisiones entre los chilenos. Ahora, es la propia corriente estudiantil la que se ha dividido ideológica y políticamente, precisamente por la reforma por la que tanto lucharon. Además, varios de sus líderes más emblemáticos, como Camila Vallejo, están en el Congreso ejerciendo como diputados, lejos de la calle.

Cuando a comienzos de año el Gobierno inició la discusión de la reforma -cuyos ejes centrales son el fin del copago, la selección y el lucro en la educación pública-, algunos dirigentes pensaban que la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) no se sumaría a la mesa de trabajo liderada por el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre. Pero finalmente, la Confech se sumó y ahí comenzaron las primeras grietas.

La semana pasada ocurrió algo inesperado. En las elecciones para la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) -una de las principales del país, junto a la Universidad de Chile- fue elegido como presidente un dirigente de la derecha: Ricardo Sande. En Chile, a la derecha en la UC se le conoce como gremialismo.

Al mismo tiempo, en los comicios que también se realizaron la semana pasada en la Federación de Estudiantes de la U. de Chile (FECH), fue electa Valentina Saavedra, de la Izquierda Autónoma. “Lo que está en juego en 2015 es salvar la reforma educacional de incluso el mismo Gobierno. La Nueva Mayoría (alianza de gobierno) va mostrando cada vez más ambigüedad”, ha dicho Saavedra, quien mantiene una postura crítica respecto del gobierno de Bachelet. La FECH estuvo presidida entre 2010 y 2011 por Camila Vallejo, quien en marzo asumió como diputada del Partido Comunista.

Mentor de la dictadura

Pero la mayor división proviene del nuevo líder de la FEUC. “Nunca he adherido a una marcha de la Confech”, dijo Sande, al referirse a las masivas movilizaciones estudiantiles del último tiempo y dando cuenta de su perfil completamente opuesto a dirigentes como Camila Vallejo o el propio Giorgio Jackson, quien fue presidente de la FEUC entre 2010 y 2011.

Sande, del gremialismo, logró el 54% de los votos, frente a su rival del movimiento Nueva Acción Universitaria (NAU), Alberto Millán, quien obtuvo un 46%. De la NAU surgieron conocidos dirigentes, como Giorgio Jackson. Por eso el triunfo de la derecha en la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica es un golpe al progresismo y a esa parte del movimiento estudiantil que en su momento estuvo liderada por Jackson, quien hoy es diputado.

El gremialismo nació en la U. Católica en la década del 60, liderado por Jaime Guzmán, el fundador de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI) y mentor ideológico de la dictadura de Augusto Pinochet. Jaime Guzmán fue el principal gestor de la Constitución de Pinochet de 1980. Para una parte de la derecha es una suerte de ‘héroe político’, mientras que la izquierda le atribuye los elementos ideológicos más nefastos del régimen militar. Tras el regreso a la democracia, Guzmán fue electo senador y en 1991 fue asesinado a balazos por un grupo ultraizquierdista, frente a un campus de la UC en Santiago.

Ricardo Sande es un defensor a ultranza del gremialismo y su triunfo en la U. Católica es visto como la más nítida señal de la división del movimiento estudiantil chileno. Apenas fue electo, marcó diferencia con sus rivales de la NAU: “Ellos quieren educación pública, gratuita y de calidad, nosotros hemos dicho: educación justa, equitativa y de excelencia. Nos preocupa el impacto de la educación en la sociedad, más que quién es su dueño. En cuanto a la gratuidad, creemos que justicia es darle a quien más lo necesita, no darles a todos lo mismo”.

Para empeorar aún más las cosas, la Universidad Diego Portales reveló a comienzos de noviembre una encuesta que señaló que el desempeño como diputados de los exdirigentes universitarios cuenta con una alta desaprobación: 52,1%, mientras que solo el 26,5% los aprueba.

Se espera que la reforma educacional viva su trámite más complejo y tenso en el Senado, donde es discutida, pero ni siquiera los legisladores oficialistas se han puesto de acuerdo para seguir un solo camino. La idea es lograr su aprobación antes del 31 de enero, fecha en que el Congreso entra en receso por las vacaciones de verano.

Así, la apuesta de Bachelet es que en 2015 esté aprobada la tan necesaria reforma educacional, su principal promesa de campaña.

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