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Limpiar el océano, meta de joven holandés

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Se dio cuenta de que debía ser más que un simple adolescente de 16 años mientras buceaba en Grecia, en el 2011. Sumergido en las profundidades del océano observó más plásticos que peces. Pero su mayor frustración fue que no había una aparente solución a una problemática que se traduce, al año, en millones de toneladas y en daños superiores a $ 13 billones.

Esto impulsó al holandés Boyan Slat, ahora de 20 años, a desarrollar The Ocean Cleanup, proyecto en el que propone una solución al problema mundial de los desechos plásticos en los océanos y por el que esta semana fue premiado en la categoría inspiración y acción de Campeones por la Tierra, el más importante galardón medioambiental mediante el cual la Organización de las Naciones Unidas reconoce a visionarios en los campos de la política, ciencia, empresa y acción civil.

Valiéndose de una campaña en la página web de su fundación:www.theoceancleanup.com, Slat reunió más de $ 2 millones para materializar el piloto de una idea que concibió para un proyecto escolar de ciencias, luego de realizar una investigación sobre la contaminación de los océanos, y que terminó convirtiéndose en “una obsesión”. Para él esto no tiene una connotación negativa, según declaró a la BBC: “Soy un obsesivo y me gusta. Tengo una idea y me aferro a ella”.

Su perseverancia por querer remover el plástico del océano lo acompañó hasta la Universidad Técnica de Delft, donde cursaba la carrera de Ingeniería Aeronáutica, la cual abandonó cuando fundó The Ocean Cleanup para liderar a un equipo de 100 personas, entre ellas 70 científicos e ingenieros, en una expedición encaminada a demostrar la viabilidad a escala real del proyecto. El diseño fue premiado por la Universidad de Delft y ocupó el segundo puesto del iSea Sustainable Innovation Award, promovido por el Ministerio de Infraestructura y Medio Ambiente holandés.

Su plan consiste en instalar en zonas estratégicas de los océanos barreras flotantes –no redes que ocasionarían capturas incidentales– ancladas al fondo del mar para atrapar los residuos plásticos con la ayuda de la energía del viento y de las corrientes marinas. Una vez reunidos serían succionados hacia una plataforma que cada 45 días sería evacuada por embarcaciones. Las barreras llegan solo hasta tres metros de profundidad, por lo que la vida marina seguiría su curso por debajo de ella. A diario, 65 metros cúbicos del material plástico que no solo contamina al océano, sino que genera daños en los arrecifes de coral y acaba con la vida de millones de aves y mamíferos marinos que se enredan en él o lo consumen, se recogerían para ser reciclados.

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