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Nueve de cada diez mujeres divorciadas han vivido algún tipo de violencia en Ecuador

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Marta tenía 45 años cuando su esposo Juan, con el que acababa de ​cumplir 20 años de matrimonio, le dijo que estaba deprimido, en el 2005. Tenían tres hijos en ese entonces​,​ de 5, 9 y 15 años. La convivencia en casa transcurría en medio de peleas, malentendidos y tensiones. Juan ​mostraba cambios constantes de humor, la desautorizaba delante de sus hijos, le decía: ¿De qué vas a vivir si me pasa algo?, ¿qué sabes hacer?, ¿quién se encargará de ti? Ella callaba porque pensaba que estaba enfermo y sentía que era su deber comprenderlo. Seis meses después, Juan le pidió el divorcio y se comprometió con su nueva pareja a quien presentó a sus hijos.

Han pasado nueve años desde aquel día. Los hijos crecieron, el padre se volvió a divorciar y las discusiones se convirtieron en uno más de sus integrantes. Este es uno de los casos de abuso psicológico que a diario afecta las vidas de diferentes familias en Ecuador y que no s​e denuncia​ porque no suele ser considerado por la víctima como una agresión. En el 2011, según ​datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos del Ecuador (INEC), nueve de cada diez mujeres divorciadas han vivido algún tipo de violencia de género.

Este tipo de violencia tiene consecuencias en el resto de integrantes de la familia, explica la psicóloga infantil Consuelo Meza, del hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante, en especial en los menores, ​quienes suelen ser los más afectados.

Estos casos se observan con mayor frecuencia y van en aumento, a decir de Meza, en familias que han pasado por el divorcio, o en niños que forman parte de un hogar disfuncional, monoparental o con problemas socioculturales y ambientales como la falta de trabajo.

A menudo se confunde la violencia solo como una agresión física; los gritos, desagravios y palabras desdeñosas no suelen ser considerados como un maltrato y se lo calla. Esto causa aún más daño a la víctima y también al victimario. “Si alguien está siendo violentado de alguna forma, debe manifestarlo para que el agravio pare de inmediato”, insiste Meza. Si estos niños no reciben un tratamiento adecuado es muy probable que en el futuro también agredan a sus descendientes.

En Ecuador, según el INEC, una de cada dos mujeres ha sufrido violencia psicológica, mientras que dos de cada cinco han experimentado violencia física. Esmeralda, de 32 años, es una de ellas. Se separó de su esposo hace siete años por insistencia de su hermana, quien la encontró en posición fetal sobre el piso de su casa cuando fue a visitarla a Durán. Minutos antes su esposo la había golpeado y pateado en el abdomen. Tenía seis meses de embarazo. Ese fue el final de una serie de insultos, recuerda Matilda, hermana de Esmeraldas.

Han pasado ocho años desde aquel suceso. Esmeralda se niega a recibir tratamiento. “Yo no necesito hablar con el psicólogo, mis padres son los que deberían ir”. Ella estudia enfermería porque quiere un mejor porvenir para su primogénita, quien actualmente tiene 8 años.

Sin embargo, se enamoró otra vez y ese “amor” volvió a agredirla; lo defiende, dice que no es malo. Meza cree que Esmeralda se encuentra en un círculo, uno en el que su hija podría caer.

Pero sí es posible una recuperación. Los adultos y niños pueden superar sus traumas siempre y cuando quieran participar por su propia voluntad en una terapia. Meza explica que los niños violentados reciben golpes que les provocan un intenso dolor y los someten a un contexto de terror por los comportamientos abusivos de los padres que son quienes deben protegerlos, pero, en cambio, se encuentran con un ambiente de inseguridad e indefensión provocadas por las reacciones imprevisibles de un adulto.

En ocasiones, los niños más grandes no logran recordar eventos traumáticos de su infancia, a esto se le llama amnesia infantil.

No hay tiempo específico de duración de la terapia, pero debe haber una buena actitud, ayuda de la familia y escoger un buen tratamiento. El menor puede llevar una vida normal y en un futuro desarrollar una carrera profesional, esto dependerá de la ayuda psicoterapéutica.

Si no logra recuperarse puede caer en un profundo abismo (depresión o ansiedad) pero nunca es tarde para ir a​​ un tratamiento.

Recomendaciones para prevenir el maltrato infantil 

1.- La familia debe tomar conciencia de que este problema existe, cuidar a los hijos con amor, esmero y responsabilidad.

2.- Fortalecer la autoestima en los niños con valores, principios y una buena comunicación entre padres e hijos.

3.- Los niños deben saber que los padres también se equivocan y que son capaces de reconocerlo, esto hará que tengan suficiente confianza para comunicarles si les pasa algo.

4.- Reconocer los derechos de los niños y respetarlos.

5.- Si su hijo le cuenta que está siendo violentado, debe creerle e indicarle que no seguirá ocurriendo y que él no es el culpable de lo que le sucedió.

6.- Si los padres reconocen que ellos están maltratando a sus hijos, deben buscar ayuda, de lo contrario tiene que hacerlo un familiar.

7.- Si no se hace nada en contra de la violencia, se debe notificar a las autoridades.​

Fuente: Departamento de Psicología del Hospital de niños Francisco de Icaza Bustamante

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