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Los cambios drásticos continuados del horario para dormir pueden reducir la potencia mental

El ciclo circadiano, regulado por la exposición a la luz y por varios componentes fisiológicos, nos permite seguir esencialmente el mismo programa metabólico básico cada día. Pero los reajustes en este “reloj” no son fáciles, y debido a ello el desfase horario que una persona experimenta cuando, por ejemplo, afronta cambios de turno de trabajo que impliquen para ella estar despierta en horas en las que habitualmente dormía, o cuando viaja a través de varias zonas horarias en un período corto de tiempo, resulta en largos períodos de lo que se conoce popularmente como jet lag.

Una nueva investigación confirma la teoría de que trabajar muchos años en un oficio que genere este tipo de desfase puede promover una merma de potencia mental.

Ya se sabía que dicho desfase es capaz de propiciar diversos problemas de salud, tales como úlceras, trastornos cardiovasculares, síndrome metabólico y hasta algunos cánceres. Pero hasta ahora era poco lo que se sabía sobre su impacto potencial en ciertas funciones cerebrales, como la memoria o la velocidad de procesamiento de información.

Una nueva investigación, realizada por el equipo internacional integrado, entre otros, por Jean-Claude Marquié, de la Universidad de Toulouse en Francia, y Philip Tucker, de la Universidad de Swansea en Gales, Reino Unido, sugiere que el impacto es mayor a lo largo de un período de 10 ó más años, pasando a abarcar también un descenso en la potencia mental. Y que, aunque los efectos pueden ser revertidos, esto puede llevar al menos 5 años.

Los investigadores hicieron un seguimiento de las capacidades cognitivas de más de 3.000 personas que estaban trabajando en una amplia gama de sectores o que se habían retirado, en tres momentos concretos: 1996, 2001 y 2006.

 

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Los resultados del nuevo estudio indican que los cambios drásticos continuados del horario para dormir pueden deteriorar la potencia mental. (Foto: Amazings / NCYT / JMC)

Un 18,5 por ciento de los que trabajaban, y una proporción similar de los que se habían retirado (17,9 por ciento), habían seguido unos turnos de trabajo que rotaban entre mañanas, tardes y noches.

La primera serie de análisis mostró que quienes estaban trabajando, o lo habían hecho previamente, sometidos a ese cambio de horario que les obligaba a estar despiertos cuando normalmente dormirían, y a dormir cuando normalmente estarían despiertos, tenían menores puntuaciones en memoria, velocidad de procesamiento y potencia cerebral general que quienes nunca habían trabajado de esa manera.

En la segunda serie de análisis se constató que, en comparación con quienes nunca habían trabajado por turnos rotatorios, los que sí lo hicieron, durante 10 ó más años, alcanzaban puntuaciones de memoria y cognitivas globales más bajas, equivalentes a un declive cognitivo propio de 6,5 años de edad extra.

Por último, los investigadores examinaron la cuestión de si dejar de trabajar bajo tales cambios de horario de trabajo estaba conectado a una recuperación en las capacidades cognitivas. Los resultados indican que para los sujetos de estudio era posible recuperar habilidades cognitivas después de dejar de trabajar por turnos rotatorios, pero que esto tardaba al menos 5 años, y quedaban excluidas las velocidades de procesamiento.

Se trata de un estudio observacional, de modo que no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre la causa y el efecto, pero sí parece evidente que la alteración del reloj corporal puede acarrear la aparición de agentes estresantes fisiológicos, que podrían a su vez perjudicar al funcionamiento del cerebro, tal como creen los investigadores.

FUENTE NOTICIAS DE LA CIENCIA