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Cuba-Estados Unidos: después de medio siglo, cómo volver a empezar

Por: Gabriel Esquivada

Es muy difícil decir exactamente cómo va a funcionar esto”, adelantó la enviada de Obama a la isla. “Deberíamos aprender a coexistir con ellos de modo pacífico y civilizado”, advirtieron desde el régimen. Especialistas analizaron el escenario para Infobae

Sin embargo, como todo en la vida, es más fácil decirlo que hacerlo. En la primera ronda de conversaciones, realizada en La Habana el mes pasado, cada parte elogió la apertura de la otra pero también señaló las diferencias entre ambas naciones. La subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, advirtió: “Es muy difícil decir exactamente cómo va a funcionar esto”. La directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, Josefina Vidal, afirmó: “Deberíamos aprender a coexistir con ellos de modo pacífico y civilizado”.

En la isla, el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, repitió que desconfía de los Estados Unidos, y difícilmente su visión desentone entre los sectores más duros del Partido Comunista Cubano. E incluso entre el pueblo, que es más diverso de lo que se retrata y tiene una historia de fuerte nacionalismo, desde la lucha martiana, y antiimperialismo.

En los Estados Unidos, el tema divide a los partidos Demócratas y Republicano al interior de sus propias filas. Así como el senador Marco Rubio rechazó el anuncio de Obama, otros republicanos ,como Jeff Flake y Rand Paul, quieren terminar con las restricciones a los viajes. Y mientras el senador demócrata Bob Menénez consideró que Washington cede sin recibir nada a cambio, su correligionaria y par Barbara Boxer lamentó que su país “haya pasado las últimas décadas dedicado a una política que no ha funcionado”.

“ES MUY DIFÍCIL DECIR EXACTAMENTE CÓMO VA A FUNCIONAR ESTO”

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Reclamos posibles, reclamos espinosos

Es difícil remontar una historia tan compleja, dijo a Infobae el profesor Ted Henken, del Baruch College (City University of New York), autor de varios trabajos sobre Cuba. “Por ahora ambas partes están tratando de construir confianza y seguridad, cosas que no han tenido en todos estos años”, dijo. “Al contrario, ha habido desconfianza, inseguridad, sospecha; en ocasiones con fundamentos y, en otras, con paranoia sin sustento”.

Para el autor del blog El Yuma (palabra que en lenguaje informal cubano denomina a los estadounidenses), lo primero es construir esa confianza y esa seguridad: “Se puede hacer simplemente mediante el establecimiento de las embajadas y la discusión sobre áreas de intereses comunes. Esto es algo que ha sucedido en el pasado”, agregó Henken. “Desde migración hasta medioambiente. Irónicamente, uno de los temas sobre los cuales han discutido de modo más productivo en el pasado es el militar: los militares estadounidenses que están en Guantánamo han hablado con sus contrapartes cubanas todos estos años, creo que de manera positiva”.

“EL DIÁLOGO ENTRE LOS GOBIERNOS DE CUBA Y DE LOS ESTADOS UNIDOS VA A SER LENTO, PROLONGADO Y DIFÍCIL”

El historiador Félix Masud-Piloto –quien se crió en La Habana y dejó su país en 1961, porque sus padres consideraron que era lo mejor para él– lo sintetizó: “El diálogo entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos va a ser lento, prolongado y difícil”. Para este profesor de DePaul University, fundador de la revista de estudios latinoamericanos Diálogo, sólo el respeto mutuo y la buena fe harán posible que las conversaciones se mantengan viables. “El gobierno cubano está muy consciente de que el presidente Obama dejó en claro que su gobierno sólo estaba cambiando una estrategia que había fracasado durante más de cincuenta años”, dijo a Infobae.

Para el profesor de Política y Práctica Internacional Melvyn Levitsky, experto de la Escuela de Políticas Públicas Gerald R. Ford de la Universidad de Michigan, recuperar las relaciones diplomáticas será un proceso complicado. “La relación ha sido como fue durante un período muy prolongado. Fidel Castro dijo que no confía en los Estados Unidos. No lo culpo: hemos tenido estas relaciones de mucha desconfianza de ambos lados. ¿Por qué deberían ellos confiar en nosotros? ¿Por qué deberíamos nosotros confiar en ellos? Reagan decía: ‘Confíen, pero verifiquen’. Nos tenemos que fijar más en los comportamientos que en los dichos”.

A lo largo de todo ese tiempo de relaciones irregulares –porque aunque los vínculos diplomáticos se cortaron en 1961, la proximidad geográfica ha conllevado intercambios en el plano real–, ambos países han acumulado demandas. “Ambos desean cosas y ambos tendrán que transigir sobre ellas”, evaluó Levitksy, ex embajador en Bulgaria (durante el gobierno de Ronald Reagan) y de Brasil (durante el de Bill Clinton).

“Los cubanos no podrán decir ‘No vamos a reanudar las relaciones si no nos dan Guantánamo’ o ‘No podrán ver a los disidentes’. No va a funcionar. Hay muchos detalles a los que atender. Va a pasar mucho tiempo hasta que las piezas del rompecabezas se acomoden”, ilustró. Y se refirió a cuestiones mayores: “Del lado cubano existe el reclamo de recuperar Guantánamo. Eso no va a suceder, al menos no en mucho tiempo. El presidente Obama ha dicho que quiere cerrar la prisión de Guantánamo, pero no pronunció una palabra sobre devolver el territorio, que es un derecho que los Estados Unidos tienen por un tratado entre ambos países que data de la guerra entre los Estados Unidos y España, los finales del siglo XIX y comienzos del XX. Eso será un proceso de mayor extensión”.

“DEL LADO CUBANO EXISTE EL RECLAMO DE RECUPERAR GUANTÁNAMO. ESO NO VA A SUCEDER, AL MENOS NO EN MUCHO TIEMPO”

Henken coincidió, pero lo interpretó como la construcción de un escenario político que, con diferencias de grados, intentan ambas partes: “Presentan públicamente los temas de largo plazo, difíciles de alcanzar pronto. Para Cuba: Raúl Castro dejó en claro ante la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que su gobierno tiene varios reclamos imposibles de cubrir en el corto plazo, y algunos son sólo temas para recordar a los aliados que no se ha renunciado a ellos: por ejemplo, pidió no sólo que se cierre la prisión de Guantánamo sino que se devuelva el territorio. Y para los Estados Unidos: encontrarse con los disidentes, de manera abierta y sin remordimientos, porque siguen diciendo que el centro de su política serán los derechos humanos”.

Para Levitsky, hay detalles básicos que poner en limpio para establecer el proceso: “Embajadas, reciprocidad. Cuántas personas en las embajadas. Cuáles serán las condiciones para los diplomáticos: ¿qué pasa con la inmunidad diplomática? ¿Podrán los diplomáticos tener acceso a los ciudadanos de ambos países? Eso es algo importante”, agregó. “Nosotros no vamos a poner restricciones para que los cubanos hablen aquí con los republicanos, los demócratas o cualquier persona, ya que es un acto político legítimo; por ende, querremos el mismo acceso en Cuba, aun a las personas que los cubanos consideran en desacuerdo con el régimen”.

Diplomacia no implica amistad

Los Estados Unidos no dejarán de apoyar a los opositores en Cuba, dijo Jacobson ante el Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado, que presidió Rubio, aspirante a la candidatura presidencial republicana, cubano-estadounidense y opositor facundo a los anuncios de la Casa Blanca.

Rubio le insistió a Jacobson: ¿estaba dispuesta a sacrificar la cuestión de los derechos humanos en un acuerdo para abrir una embajada? “No puedo imaginar que pasemos al nivel siguiente de nuestras relaciones diplomáticas con un acuerdo contra el amparo a los activistas por la democracia”, dijo la primera funcionaria de alto rango que pisó la isla en misión oficial en treinta años.

La presión se debió a las declaraciones de Josefina Vidal, la directora general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, quien declaró que antes de avanzar en negociaciones se debía cambiar el modo en que los diplomáticos estadounidenses se comportaban: deberían dejar de “estimular, organizar, entrenar, pertrechar y financiar aquellos elementos dentro de nuestro país que actúan contra los intereses del gobierno del pueblo cubano”.

Jacobson ubicó las declaraciones de Vidal en su contexto: la monocorde televisión cubana. No las consideró un factor puesto en la mesa de negociaciones. La funcionaria cubana también había dicho que fuera de los asuntos internos vinculados a la soberanía cubana, “todo lo demás está en un proceso de negociación”.

Henken evaluó que ambas representaciones le están diciendo al mundo que van a ir despacio. “Vamos a ver estas idas y vueltas en los próximos años porque han hecho un gran logro al dialogar, al reconocer la existencia diplomáticamente de cada parte, pero eso no resuelve el problema. Por eso hay un debate ­–creo que necesario­– sobre tener relaciones diplomáticas pero no relaciones normales”, argumentó.

Una de las razones de fondo de ese problema, sintetizó Masud-Piloto, es tan simple como capital en la historia de Washington: “El objetivo de los Estados Unidos, un cambio de régimen, sigue siendo el mismo”, agregó.

“EL OBJETIVO DE LOS ESTADOS UNIDOS, UN CAMBIO DE RÉGIMEN, SIGUE SIENDO EL MISMO”

No obstante destacó ­–y con esperanzas– el aspecto optimista del movimiento de engranajes que comenzó el 17 de diciembre pasado: “El primer paso de magnitud se está por tomar con la apertura de las embajadas en ambos países. Eso será importantísimo, y esperemos que conlleve a cosas mayores como el fin del bloqueo, que en este momento parece bastante improbable”.

Levitsky, miembro de la Academia de Diplomacia de los Estados Unidos, pasó parte de sus 35 años de carrera en el tiempo de la Guerra Fría en destinos como Moscú y Frankfurt. “Aunque a mí no me gusta la política cubana, y creo que el camino correcto consiste en ser duros y darles a entender con claridad por qué no tenemos una relación amigable, creo que podemos tener relaciones formales y avanzar. Desde el punto de vista de la diplomacia, es un desafío muy interesante”.

Destacó dos cosas: por un lado, los Estados Unidos mantienen relaciones diplomáticas con países mucho más hostiles con ellos que Cuba: “Rusia, sin ir más lejos”, cita. “Venezuela: Maduro acaba de acusar al vicepresidente Biden de tratar de derrocarlo. Nicaragua, con Daniel Ortega, o Ecuador, o Bolivia…”.

No es un regalo, insistió Levitsky, quien fue miembro de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes y encabezó la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos en el Departamento de Estado durante las presidencias de George W. H. Bush y de Clinton: “Los diplomáticos ­–y yo entre ellos– creemos que en las relaciones: si tenemos un embajador, podemos comunicar nuestros puntos de vista directamente al gobierno. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética fue más que un adversario en términos de la amenaza que representaba para los Estados Unidos, y Cuba lo fue durante la Crisis de los Misiles. El reconocimiento pleno de relaciones diplomáticas no es un regalo para Cuba, sino una manera en que los Estados Unidos podrán comenzar a abrir algunos de los temas en los que tenemos intereses con Cuba. No significa que seamos amigos”.