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El poder ciudadano para contrarrestar el cambio climático

Desde hace nueve años, el último sábado de cada marzo se ha caracterizado por perder su luz durante una hora para crear conciencia sobre el cambio climático, pero la necesidad de hacerle frente ha hecho que el simbólico apagón trascienda los 60 minutos con proyectos a largo plazo que se perfilan como la única forma de garantizarles un hogar a las futuras generaciones.

“No va a desaparecer la humanidad, pero sí la civilización y la sociedad como las conocemos”, aseveró en días pasados el premio nobel de química Mario Molina, quien en 1974 formó parte del equipo que descubrió que los clorofluorocarburos contribuyen al agotamiento de la capa de ozono, hallazgo que precisamente condujo a abordar el cambio climático, el mayor reto ambiental actual.

A unos meses de que se pacte un nuevo acuerdo climático global, el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, en inglés) se ha propuesto fortalecer el enfoque en torno a ese desafío. Como señala WWF Ecuador en un comunicado, los esfuerzos se destinarán a “crear mayor interés y formar a la ciudadanía en temas de cambio climático”, para hacer de este un asunto “más tangible, cotidiano y menos distante”, promoviendo alternativas viables que les permitan a los ciudadanos tomar decisiones que aporten a la conservación de la Tierra.

Lo hará a través de la Hora del Planeta, el movimiento ambiental colectivo más grande del mundo que empezó en el 2007, en Sídney, y abarcará las 24 zonas horarias cuando se celebre su novena edición en toda la tierra este 28 de marzo a las 20:30 (hora local).

Ese día, en Puerto Ayora, en la isla Santa Cruz, Galápagos, a más del apagón de luces innecesarias, en el parque San Francisco se difundirán los resultados de la iniciativa que el Ministerio del Ambiente, a través de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y el Programa Nacional para la Gestión Integral de Desechos Sólidos, emprendió en la edición anterior de la Hora del Planeta y que derivó en la prohibición de fundas plásticas tipo camiseta y de envases de poliestireno expandido en las islas.

En tanto que en Quito, la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad impulsa dos movilizaciones para peatones y ciclistas. A las 18:00, la ruta sur-centro partirá de la Tribuna del Sur (de la av. Teniente Hugo Ortiz) y la norte-centro de la Puerta de la Circasiana del parque El Ejido. El punto de llegada será la plaza San Francisco. Allí, a las 20:00, se sensibilizará a los quiteños sobre la protección de los recursos naturales y la biodiversidad.

Ya a las 20:30 la San Francisco quedará en la oscuridad, al igual que la Plaza del Teatro, la Plaza Grande, la Virgen del Panecillo, la av. Naciones Unidas, la Plaza Quitumbe y las fachadas y cúpulas de las principales iglesias del Centro Histórico, según lo confirmado hasta este viernes por la WWF. En Guayaquil, asimismo, perderán su iluminación por sesenta minutos el Malecón Simón Bolívar, los parques Seminario, San Agustín, Victoria, España y el Centenario.

Además, al prometer este año reforzar su llamado a la reflexión y a la acción desde la sociedad civil, la campaña la Hora del Planeta insta a los ciudadanos a exponer en las redes sociales sus compromisos individuales para reducir la huella ecológica. WWF Ecuador propone subir fotografías en las que se los vea propiciar cambios positivos ya sea apagando la luz, ahorrando agua, usando fundas de tela en lugar de plásticas o movilizándose en bicicleta, acompañadas de los hashtags #1accionporelplaneta, #UsaTuPoderEc y #LaHoraDelPlaneta.

Antes del evento en el que los seis continentes se conectarán por medio de acciones que van desde sumarse al apagón global del sábado hasta contribuir a la recaudación on-line para que los menos de 400 tigres que quedan en estado silvestre en Sumatra puedan ser monitoreados, la WWF trabaja en temas climáticos en más de 120 países. Esto incluye, por ejemplo, la asesoría al gobierno de Nepal en políticas que faciliten el acceso a la energía solar en zonas urbano residenciales.

En la edición 2014, la Torre Willis, en Chicago (EE.UU); la Eiffel, en París; el Kremlin, en Moscú; el Burj Khalifa, en Dubái; el Cristo Redentor, en Brasil; el Big Ben, en Londres, entre otros monumentos, se sumaron a esta acción global perdiendo su resplandor.

Pero más allá de eso, involucró a más de 7.000 ciudades y a 162 países y detonó más de 60 logros de conservación, incluyendo la plantación de 17 millones de árboles en Kazajistán, la reforestación de 2.700 hectáreas en Uganda, la recaudación de fondos (crowdfunding) para especies en peligro y la entrega de cocinas eficientes a familias de Nepal y Madagascar. (I)

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