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Mesoamérica tiene el 26% de sus suelos degradados por contaminación y erosión

La región mesoamericana tiene un 26 % de sus suelos con algún tipo de degradación debido a la contaminación química, la erosión, la salinización y fenómenos climáticos extremos, situación que preocupa a los expertos.

El 2015 fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el año internacional de los suelos, con el objetivo de hacer un llamado a la población sobre la necesidad de una gestión sostenible que contribuya a la protección de este recurso.

Los datos más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), divulgados esta semana en el Congreso Nacional de los Suelos de Costa Rica, indican que en Mesoamérica un 26 % de los suelos tiene algún tipo de degradación debido a la mala gestión.

Las causas principales son el uso y prácticas de ordenación de tierra insostenibles y los fenómenos climáticos extremos. Además, afecta la erosión, la salinización, la compactación, la acidificación y la contaminación de la tierra por los productos químicos.

Según explicó a Efe la secretaria general de la Sociedad Latinoamericana de la Ciencia del Suelo, la mexicana Laura Reyes, la degradación es preocupante ya que es una amenaza a la seguridad alimentaria para las futuras generaciones.

“La pérdida de suelo en la región latinoamericana es muy grave y además tiene graves repercusiones para la humanidad. La gente no conoce las funciones reales del suelo, considera que es solamente un sustrato para la realización de la agricultura. Sin embargo, el suelo es lo que nos permite tener los alimentos, el agua, el oxígeno y la energía, así como lo que vestimos”, dijo Reyes.

Según la experta, el manejo sostenible de los suelos agrícolas y la producción amigable con el ambiente son imprescindibles para revertir la tendencia de degradación.

Acciones tan sencillas como no tirar basura a la calle, no derramar aceite, solventes o gasolina por el fregadero, así como utilizar la tierra para lo que verdaderamente es apta, son parte de prácticas positivas que contribuyen a su protección.

“El gran desafío es preservar el suelo y cambiar la educación general de la población, sino trabajamos de inmediato en cambios para construir una cultura de protección nos esperan grandes y graves problemas, porque sufriremos de hambre, sed y andaremos medio desnudos”, afirmó Reyes.

El representante de la FAO en Costa Rica, el nicaragüense Octavio Ramírez, aseveró que otra situación que afecta el suelo es el cambio climático, ante lo que los países deberían apostar por una agricultura más sostenible para una mejor adaptación.

Según explicó Ramírez, el terreno “secuestra” una alta cantidad de carbono en su estructura, al igual que en las raíces de las plantas, por lo que un adecuado manejo implica conservar no solamente el suelo sino también todo lo que esta arriba.

“Buscamos lograr una sensibilidad para contribuir a una gestión sostenible porque al final de cuentas un centímetro de suelo necesita de 1.000 años para poder regenerarse, así que es mejor protegerlo”, aseveró el nicaragüense.

Datos citados por Ramírez indican que para 1961 se necesitaban cerca de 561 millones de hectáreas para la producción agrícola en el mundo, mientras que en la actualidad se requieren 741 millones de hectáreas.

Para atender esa demanda de alimentos, el uso más eficiente del agua, la reducción del empleo de plaguicidas y la mejora de la salud del suelo pueden dar lugar a un aumento de la producción y un mejor rendimiento de los cultivos.

Según datos de la FAO, un 14 % de la degradación mundial del suelo ocurre en América Latina, mientras que en el mundo un 33 % de los suelos está entre moderada y altamente degradado.

Los expertos estuvieron reunidos esta semana en Costa Rica en el VIII Congreso Nacional de Suelo, actividad que se enmarcó dentro de las conmemoraciones del Año Internacional del Suelo, declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante la 68 sesión de la Asamblea General. (I) 

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