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Flora introducida puede influir en conservación de tortugas gigantes

Su migración está por terminar. Los machos ya se encuentran en la zona de anidación tras haberse desplazado, en promedio, unos 300 o 400 metros por día. Y solo emprenderán el viaje cuesta arriba entre junio y julio.

Fueron los primeros en descender, en dirección norte a sur, desde las tierras altas y húmedas hacia las bajas y áridas. Ellos se adelantan para esperar a las hembras, que se encargan de excavar la arena para depositar los huevos que eclosionarán en unos cuatro o cinco meses.

Esta es la dinámica que la Chelonoidis nigrita, una de las diez especies de tortugas gigantes que habitan las Galápagos, mantiene durante la temporada de reproducción (inicia en marzo) y que ahora se conoce con exactitud. Esto, gracias al estudio que desde el 2009 dirige el científico Stephen Blake, del Max Planck Institute for Ornithology de Alemania, junto con la Dirección del Parque Nacional Galápagos (DPNG) y la Fundación Charles Darwin (FCD) y cuyos primeros resultados se publicaron esta semana en la revista científica británica Biotrópica.

“Con los dispositivos GPS pudimos observar que tienen el mismo sendero tanto para ascender hacia la parte alta y descender hacia las zonas bajas”, explica Freddy Cabrera, técnico de la FCD, que a las 05:00 comienza a monitorear a las 50 tortugas que marcaron con geolocalizadores GPS.

“Se tenía el indicio. Uno ve a las tortugas gigantes en cierta época en la parte alta, luego empiezan a desaparecer, están en la parte baja anidando, y cosas así, pero nunca se tenía datos exactos de cuáles eran las rutas de migración, en qué época específicamente migraban, cuánto tardaban en llegar a la parte baja…”, sostiene Jorge Carrión, director de Gestión Ambiental de la DPNG.

También faltaban datos sobre su dieta: cómo se alimentan, de qué se alimentan, cuántas veces comen. Valiéndose de observaciones de campo y de la revisión de heces se determinó que, a la hora de alimentarse, la Chelonoidis nigrita se inclina por las plantas invasoras, aquellas que el ser humano introdujo deliberadamente a las islas desde que fueron descubiertas en 1535.

“Esto nos pareció bastante extraño porque una gran tortuga de Galápagos puede atrincherarse durante más de un año sin comer ni beber (…). ¿Por qué un reptil de 250 kg que tiene un pesado caparazón y que puede ayunar durante un año se mueve de arriba hacia abajo de un volcán en busca de alimentos de la más alta calidad?”, reflexiona Blake en el blog de Biotrópica.

Durante el primer periodo del estudio, las tortugas gigantes de Santa Cruz consumieron 64 tipos de plantas de 26 familias, 44 % de las cuales fueron introducidas. En el archipiélago, según datos de la DPNG, hay alrededor de 500 especies de plantas nativas, 180 de estas endémicas, y más de 750 plantas vasculares introducidas.

La tradescantia, una hierba de zonas bajas muy acuosa, es una de sus preferidas. También lo es la guayaba, más grande, dulce y olorosa que el guayabillo nativo, cuyos frutos, al tener semillas más grandes, tienen menos carne. “Esto los lleva a diferenciar o a tratar de alimentarse de la mejor manera y, en este caso, la introducida es la mejor opción”, apunta Freddy Cabrera.

Aquí reside otro problema. Al ser las tortugas dispersoras de semillas, contribuyen a que haya una mayor presencia de plantas invasoras. La guayaba, por ejemplo, tiene casi 500 semillas, y el guayabillo, seis.

La mora es otra planta introducida de la que gustan. Y aquí Cabrera advierte que aunque está sirviendo como alimento para las tortugas, la presencia de este fruto es una amenaza. “Por lo rápido de crearse la vegetación de la mora, de cerrarse, obstaculiza los caminos de migración que tienen las tortugas y eso sería algo grave y fatal para las tortugas, que sus rutas de migración fueran bloqueadas por esta vegetación”.

A esta amenaza, Carrión añade que la guayaba y la mora impiden que crezcan otras especies vegetales, transformando así los hábitats, “lo cual es perjudicial para los ecosistemas de Galápagos”.

Por este motivo, aclara que la función y el objetivo de la institución siempre serán eliminar al 100% las plantas introducidas, así sea que las especies autóctonas se alimenten de ellas. Y aclara que las tortugas han sobrevivido y sobrevivirán consumiendo o no plantas no nativas.

El reciente estudio no solo muestra la preferencia de las tortugas gigantes de Santa Cruz hacia la flora introducida, sino que además su consumo ha contribuido de manera positiva a su nutrición, por lo que Blake asegura que la conservación de las tortugas parece ser compatible con su presencia.

Pero es solo un veredicto preliminar. Los investigadores, paralelamente, en estos seis años han estado estudiando las poblaciones de tortugas gigantes que habitan en el volcán Alcedo, en la isla Isabela, y a la de Española. “Los comportamientos de las tortugas en Santa Cruz se los comparará con el que tienen en Isabela y en Española, donde no hay las especies invasoras. Lo que se trata también no es simplemente de identificar de qué especies se alimentan, sino ver cómo estas especies invasoras cambian el comportamiento de las tortugas”, explica. (I)

Especies
Ejemplares

Población en Galápagos
Existen diez especies: en Española, Santa Cruz, San Cristóbal, Santiago, Pinzón, una en cada isla y cinco en Isabela (volcanes Alcedo, Cerro Azul, Darwin, Wolf y Sierra Negra). Se calcula que entre todas hay unas 34 mil tortugas.

Muestra del estudio
En Santa Cruz hay 50 tortugas dentro del sistema de rastreo, mientras que en Isabela y Española, 11 en cada una.

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