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Once provincias sintieron sismo de 5,8 grados que nació en La Puntilla

Un alarmado despertar tuvieron ayer miles de ecuatorianos por causa de un temblor que prácticamente los expulsó de sus camas. Fueron segundos de tensión en once provincias.

El remezón fue sentido en dos instancias, como una ola; primero leve y luego fuerte, describieron habitantes de diferentes localidades.

Informes preliminares señalaron que el epicentro fue el cantón Naranjito. Luego, al mediodía, el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional indicó que Samborondón, muy cerca de Guayaquil, fue origen del movimiento telúrico, de 5,8 grados en la escala de Richter, especificado en la urbanización Laguna Dorada, en el kilómetro 1,5 de la av. Samborondón.

La residente Cecilia de Gómez trabajaba en su computadora cuando sintió el temblor. Por la desesperación tropezó en las escaleras. “El segundo movimiento ya fue muy feo, parecía estruendo”, comentó.

En Durán, Wilson Atauchi tuvo la sensación de que su vivienda era una hamaca. Habita en el cerro Las Cabras, donde no se reportaron daños en las estructuras.

La casa de Atauchi es de dos plantas. Él dormía en el piso alto y sus hijos, en el bajo. “Salté de la cama y les grité: ¡Salgan, salgan, acá arriba!”.

El Instituto Geofísico indicó que el temblor se originó a una profundidad de 71 km, distancia catalogada como intermedia por Alexandra Alvarado, jefa de Sismología. Explicó que en estos casos la energía se dispersa y que, por lo general, no hay réplicas. Agregó que el movimiento se produce por el roce de la placa de Nazca con el sistema de fallas tectónicas que atraviesa Guayaquil.

El remezón se sintió, según la técnica, por lo menos en las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro, Manabí, Pichincha, Tungurahua, Cotopaxi, Chimborazo, Bolívar, Azuay y Loja.

En Naranjito (Guayas), en el momento del temblor, Danny Manzano, dueño de un comedor, servía desayunos a choferes cuando sintió la vibración del suelo. Inicialmente pensó que se acercaba un carro pesado, lo que descartó al venir el remezón mayor, que hizo sonar el techo de zinc.

En Marcelino Maridueña, Raúl Mora, empleado público, entraba al baño cuando lo sorprendió el temblor. Volvió a su dormitorio en busca de su esposa e hija para ir a la casa de su abuela, quien vive sola y a la que encontró asustada. La calmó con “agua con azúcar”.

En Babahoyo, capital de Los Ríos, Gloria Pozo pensó que los ventanales de su inmueble se iban a romper. También hubo susto en cantones como Valencia y Quevedo.

En Portoviejo, capital manabita, las radios transmitieron sus noticias cuando los locutores debieron centrarse en pedir calma a la población ante el temblor. Esto no fue percibido por quienes caminaban en la playa El Murciélago, en Manta, si no cuando recibieron los comentarios de moradores que salían asustados de sus casas, según Catalina Cedeño.

En Santa Elena, en cuanto los residentes y turistas conocieron de que el epicentro era Guayas, se dedicaron a llamar a sus familiares en Guayaquil.

En la provincia de El Oro el susto fue generalizado en Machala, Huaquillas, Zaruma, Pasaje, El Guabo y otras ciudades. “Hubo alarma en los edificios”, mencionó Vicente Barreto, jefe del Cuerpo de Bomberos de Machala.(I)

PROVINCIAS

Manabí
Ladridos caninos fueron primer aviso del temblor

Según reportes del Comité de Operaciones Emergentes (COE), el temblor lo sintieron las localidades de Chone, Pedernales, San Vicente, Bahía de Caráquez, Calceta y Tosagua. En Chone, Yelta Alcívar, de 35 años, dijo que su perro comenzó a aullar y a correr desesperadamente e inmediatamente se dio el temblor. (I)

Esmeraldas
En menos de un minuto sintieron el remezón

La isla de Muisne fue el sitio donde más se sintió el temblor en la provincia de Esmeraldas. En la localidad fronteriza se sintió el sacudón veinte segundos después que los reportes indicarán la presencia del movimiento en Guayaquil. La mayoría de los que sintieron el sismo se encontraban en edificios de más de un piso.(I)

Tungurahua
Pese a inesperado sismo mantuvieron la calma

El sismo sorprendió a la mayoría de ambateños que se alistaban para iniciar sus labores. “Las puertas, paredes y artefactos se movían de un lado a otro, me asusté porque estaba fuerte, pero mantuve la calma”, manifestó Sofía Guzmán, quien vive en el séptimo piso del edificio de la Asociación de Empleados. No se reportaron réplicas. (I)

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