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Los países asiáticos se escudan en la ‘no intervención’ para no ayudar a migrantes

Una barcaza atestada de refugiados no puede llegar a la costa porque Tailandia, Malasia e Indonesia les cerraron sus puertas. Los 3 países mantendrán una cumbre para analizar el problema.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, reaccionó el sábado indignado al juego del ‘ping pong’ que han sufrido cientos de migrantes birmanos en el golfo de Bengala desde hace dos meses.

Como presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), anunció un comunicado oficial y la posibilidad de acoger a estas personas que padecen hambre y sed en una embarcación vetusta.

Luego de esa declaración, la Cancillería emitió un comunicado oficial. “El Estado ecuatoriano, consternado ante los sucesos del 15 de mayo en los que cientos de personas emigrantes de Myanmar (Birmania) y Bangladesh han quedado a la deriva en costas del Sudeste Asiático, ante la negativa de varios países para recibirlos -dejando en peligro todas estas vidas humanas-, hace un llamado a la comunidad internacional a trabajar conjuntamente para encontrar vías de diálogo y cooperación que permitan salvar la vida de cerca de 8.000 personas que, según los registros de Acnur, se encontrarían aún en peligro”.

Los migrantes llevan a la deriva dos meses y recién esta semana se reveló la crisis humanitaria a los medios de comunicación internacionales.

Ayer, Malasia instó a Birmania a mantener conversaciones para detener el flujo de miles de migrantes en el sureste de Asia, advirtiendo que podría convocar una reunión de emergencia si no lo hace.

“Si es necesario, convocaremos una reunión de emergencia”, declaró el ministro malasio de Relaciones Exteriores, Anifah Aman.

El diplomático se entrevistará la próxima semana con sus homólogos indonesio y tailandés para abordar la crisis migratoria en la región.

Son esos 3 países los que han suscitado la indignación mundial al negarse a acoger a barcos atestados de migrantes bangladesíes y de la etnia rohingya, una minoría musulmana procedente del oeste de Birmania.

El trato reservado a los rohingyas, una de las minorías más perseguidas según la ONU, también ha provocado críticas contra Birmania, acusada de causar su migración masiva.

Cerca de 3.000 migrantes fueron rescatados o consiguieron alcanzar a nado Indonesia, Malasia y Tailandia en los últimos días, mientras muchos murieron de hambre, enfermedad o ahogados al hundirse sus embarcaciones.

Miles de migrantes podrían estar a la deriva en el mar después de que Tailandia tomara duras medidas contra el tráfico de seres humanos cerrando las rutas migratorias en torno al golfo de Bengala, según varios activistas.

Lenta diplomacia

La crisis enfrenta otro problema: la tímida diplomacia de la región cuya política gira en torno a evitar problemas. La región ha permitido que la situación se agrave por su fracaso sistemático a la hora de abordar los abusos a los que somete Birmania a la minoría musulmana rohingya.

Uno de los pilares de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) es la no interferencia en asuntos internos de otros países.  Esta asociación incluye a Birmania, Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam.

Ahora, dicho principio se ha vuelto en contra de la Asean, afirmó Elliot Brennan, investigador del Instituto Sueco de Seguridad y Desarrollo Político, que estudia el bloque. “La crisis de los migrantes ejerce una enorme presión para que reformule su política de no interferencia”, aseguró el experto.

Lo cierto es que se espera una cumbre regional sobre el drama de la inmigración ilegal el 29 de mayo, en Bangkok.
En lo inmediato, Malasia, Indonesia y Tailandia deben determinar también cómo resuelven el problema humanitario que representan los cientos de personas que llegan en atestadas embarcaciones a sus costas.

“Si los países de la región aceptan a los rohingya, entonces están enviando la señal a Birmania de que expulse a toda la población rohingya”, afirmó Syed Hamid Albar, exministro de Exteriores malasio y ahora encargado de los temas relativos a esta minoría musulmana ante la Organización de Cooperación Islámica.

¿Quiénes son los rohingya?

Birmania niega los derechos de ciudadanía a los 1,3 millones de rohingyas que viven en su territorio.

Confrontados a la violencia sectaria y a leyes discriminatorias, miles de rohingyas, una minoría musulmana en una nación mayoritariamente budista, han elegido en los últimos años huir del país por mar para irse a Malasia, en lo que ha sido el mayor éxodo de la región desde el fin de la guerra de Vietnam, a mitad de la década del 70.

Sriprapha Petcharamesree, exdelegada de la comisión de Derechos Humanos de la Asean, afirmó que Birmania rechaza habitualmente cualquier ayuda para los rohingya. “Incluso los ofrecimientos de asistencia humanitaria son rechazados argumentando que son temas internos”.

Muchos consideran que otros países de la Asean comparten la responsabilidad, incluyendo Malasia, el principal destino de los migrantes, que durante años se ha hecho de la vista gorda ante la llegada de personas sin papeles que luego son explotadas y carecen de protección social, aseguró Brennan.

Además, se presume que existen funcionarios corruptos involucrados en el tráfico. Ninguna potencia extranjera se ha pronunciado sobre la crisis. (I)

Libia detiene a 400 migrantes subsaharianos

Libia detuvo ayer a 400 migrantes clandestinos antes de que partieran rumbo a Europa, anunció el organismo libio encargado de luchar contra la inmigración ilegal.

Esas detenciones se llevaron a cabo la víspera de una reunión de ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de la Unión Europea en Bruselas, donde se abordará el lanzamiento de una operación naval contra los traficantes de personas que actúan en el Mediterráneo, sobre todo en el litoral libio.

Los migrantes, procedentes en su mayoría de Somalia y Etiopía, fueron detenidos mientras se disponían a embarcarse en Tajura, una pequeña ciudad al este de la capital, dijo Mohamed Abdel Salam al Qoeiri, un portavoz del organismo de lucha contra la inmigración ilegal, que depende del Gobierno libio de Trípoli no reconocido por la comunidad internacional.

Entre los arrestados hay varias mujeres embarazadas, añadió.

“Nos han detenido y nos han traído aquí. El motivo por el que huí de mi país es que está en guerra y no hay gobierno”, explicó Adam Ibrahim Abdalá, un somalí. “Pagué $ 1.400 para llegar a Trípoli. Estuve en una residencia durante dos meses y volví a pagar $ 1.400 para ir a Italia”.

Los traficantes aprovechan el caos en que está sumida Libia desde la caída de Muamar Gadafi en 2011 para llevar a los migrantes a sus costas y emprender la travesía del Mediterráneo hacia Europa. (I)

Datos

La localidad de Shah Porir Dwip, el punto de inicio de la ruta de muchos migrantes que salen de Bangladesh, parece ahora una isla desierta, tras las redadas que dejaron al descubierto cómo una caleta de pescadores esconde el negocio millonario del tráfico de personas.

Mientras que en el pueblo las calles están desiertas, en el mar los barcos de madera esperan en fila a una tripulación que parece estar escondida.

“Todos ellos eran hombres de mar o pescadores, pero gradualmente se dieron cuenta de lo lucrativo que es el tráfico de personas, así que se transformaron en mandos medios o en traficantes”, dijo el oficial de la Policía local Kabir Hossain durante un recorrido por la isla, desde donde se ve la costa de Birmania.

“Más del 60% de las personas que vive aquí están ahora involucradas directa o indirectamente con el tráfico”, estimó Hossain.

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