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Legalización migratoria en la UE es selectiva

Los gobiernos centroeuropeos solo tramitarán visados a ciudadanos cristianos. El cupo es para 32.256.

Organizaciones humanitarias, partidos políticos y plataformas ciudadanas de toda Europa acusaron ayer a España y a los países centroeuropeos de “insensibles” por bloquear el acuerdo comunitario sobre el reparto de los 32.256 demandantes de asilo, la mayoría sirios y eritreos, que aguardan un visado recluidos en campos de refugiados levantados en Italia y Grecia.

El Gobierno español solo aceptará a 1.300 personas de las 4.288 que inicialmente le correspondía en función del sistema voluntario de cuotas acordado en junio por los 28 jefes de Estado de la UE. El ministro del Interior hispano, Jorge Fernández Díaz, calificó de “mala” la solución propuesta por Bruselas y comparó el plan con la proliferación de goteras en un departamento. “Si se inunda la casa, la solución no es repartirse el agua, sino tapar los agujeros”, sentenció. Estas declaraciones no sorprenden a organizaciones como Médicos sin Fronteras, el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) e, incluso, la siempre neutral Cruz Roja, quienes vienen observando en el ministro una de las actitudes más restrictivas del continente con los refugiados que logran atravesar las fronteras europeas. “Desafortunada comparación con las filtraciones de agua las que ha realizado el ministro español”, tituló Manos Unidas una nota difundida ayer en España.

Se da la circunstancia de que, además de España, otro país que ha protestado de forma airada por la cuota de refugiados que tenía asignada es Hungría. En este caso, su negativa ha sido absoluta, ya que no tramitará ni un solo visado. En Hungría gobierna el conservador Víktor Orbán, un controvertido político de derecha que hace una semana anunció su intención de construir una valla metálica en la frontera con Serbia y tramita en el Parlamento magiar una ley para tipificar como delito la entrada ilegal en su país de refugiados. El extremismo y animadversión de Orbán hacia los migrantes es tal que durante la cumbre europea celebrada en mayo, el presidente de la Eurocámara, Jean-Claude Juncker, llegó a ironizar delante de las cámaras de televisión al saludarle con un sorprendente “¡Hola dictador!”.

El CEAR considera “dramática” la situación en la que quedan los miles de refugiados recluidos en una decena de improvisados centros que se han levantado a lo largo del mar Mediterráneo. Su responsable de incidencias, Nuria Díaz, aseguró hace unas semanas a EL TELÉGRAFO que “Europa tiene mecanismos suficientes para acoger a personas necesitadas de protección internacional como ocurre ahora”. En la reunión del lunes también quedó patente el discurso islamófobo de algunos Estados de Europa Central, como Polonia, República Checa, Letonia, Lituania, Eslovaquia y Estonia, que mostraron sus reticencias a recibir refugiados de origen musulmán. “Al fin de cuentas somos un espacio de cultura cristiana”, declaró el ministro de Asuntos Sociales de Estonia, el conservador Margus Tsahkna.

Su homólogo eslovaco, Robert Fico, argumentó que, de aceptar a ciudadanos procedentes de Siria, Libia o Irak, “sería fácil que se filtraran terroristas”, por lo que mostró su disposición a dar acogida únicamente “a cristianos de Siria para evitar disparar los temores entre la población”.

Parecida actitud muestra Polonia, pese a dar el visto bueno para recibir a 2 mil migrantes. Para el 70% de los polacos, según una encuesta difundida ayer, la cifra es demasiado alta. (I)

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