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Moriré-Cuyes, acceso imprescindible a Morona Santiago

30 años de espera

La última aventura comienza desde Cuenca en un bus de la Cooperativa Jima que pasa por la población de Cumbe. El vehículo en marcha rápida, con 40 pasajeros sentados y 20 de sobrepeso, llega a la referida población en una hora y 40 minutos. La carretera es regular y desde hace cuatro meses que la recorrimos no muestra ningún adelanto. En Jima las camionetas están en fila esperando usuarios. Por una carrera a Peñas Blancas cobran 35 dólares y puede ser que tengan razón porque la vía es un verdadero desastre, que a ratos da la impresión de que se transita por el cauce de un río seco. Don Octavio Carchi, que supo de nuestra presencia por parte de don Segundo Belezaca que nos acompaña, muestra unos documentos de décadas atrás sobre la construcción de la carretera Jima-San Miguel de Cuyes-Amazonas-Gualaquiza. Esos documentos datan de 1981, pero han transcurrido 30 años y nada. Entonces don Octavio fue un joven líder que “movió los mundos”, obtuvo resoluciones valiosas y logró que el CREA de esa época, realice la apertura desde Jima a la cima del páramo de Moriré, límite entre Azuay y Morona Santiago. A partir de ese valioso e histórico trabajo del CREA, las cosas cambiaron. Diversos ministerios y organismos hoy construyen vías espectaculares en Morona y Azuay, pero la vieja aspiración de esta vía de penetración al Oriente, permanece en el mismo o peor estado de hace décadas.

El “soroche” un temible enemigo Nuestro interés y presencia en esos lugares nace de un espíritu aventurero y de la motivación de Rocío Belezaca, quien desde hace meses nos ha invitado y proporcionado detalles sobre la ruta hacia Cuyes. Y al fin llegó el día. La buseta desde Jima con unos diez pasajeros trepa y sube con dirección a Moriré; vegetación de páramo; 3500 msnm; los viajeros de antaño se morían en este paso. El “soroche” era en realidad un temible enemigo. En nuestro viaje nos toca día soleado como para divisar extensos territorios, cobertura vegetal primaria, pajonales, bosques de pino, chuquiraguas, sigsales, moras y gañales. Más al sur se encuentra Matanga, a 4.000 msnm, como sugiere el nombre, “para matar a los viajeros y aventureros”. Don Angel Zhunio (72) que se dirige también a Peñas Blancas y desde allí cabalgará hacia su finca en Amazonas por 7 horas, nos invita a visitar su tierra. Desde Moriré comienza el descenso. Abajo se divisa el cerro de Guachapal, en donde, según relatan, escondieron la campana robada de la iglesia de San Miguel hace mucho tiempo, y no faltan quienes dicen haber escuchado el tañido de esa campana en noches lúgubres. Por allí se dio la resistencia shuar ante la arremetida de los Cañaris e Incas, quienes no lograron penetrar más allá de esas estribaciones.

Peñas Blancas o La Punta Al paso que llevamos, será largo el trayecto. Vemos caminos antiguos de hace 300 años o más, restos de tambos, del tiempo de la extracción de la cascarilla de los espesos bosques plagados de osos, venados, pumas, la danta o gran bestia, monos bullangueros y serpientes. Hoy solo quedan raros ejemplares refundidos en lo más espeso y la sangre de drago para curar algunos males. Tres días hacíamos conduciendo ganado desde San Miguel a Jima, dice don Segundo. Entre sacudón y sacudón y esfuerzos visibles del automotor, a las 10h30 llegamos al término de la vía de alguna manera carrozable; en sus últimos 4 km hoy sirve sólo en verano, en invierno ni pensarlo. El lugar se llama Peñas Blancas o La Punta. Enseguida un frugal desayuno en la caseta de don Marco Zhunio, y a proseguir. Ahora somos varios en la caravana, de la cual terminaremos dos, porque unos se adelantarán a lomo de acémila, otros tomarán caminos diferentes, o se quedarán en algún sitio. A mi retorno –“del músico”– me tocará caminar completamente solo, y claro, no sin algo de temor. Poco antes, don Félix Aurelio Chimbo, líder de Ganazhuma, nos invitaba a su comunidad a dos horas de San Miguel –que para nosotros serían cuatro– un pueblo escondido en la selva, ya cerca de la parroquia Amazonas, pero todavía muy lejos de La Florida, Nueva Tarqui y Gualaquiza. Las sorpresas y desafíos asoman en cualquier momento, por ejemplo al pasar obligadamente la quebrada del río Cuyes a través de dos palos, abajo a 5 metros el río con caudal y piedras, no deja alternativa. ¿Qué dirán las personas que me miran? y más aún cuando don Segundo Vera, discapacitado y con muleta, atraviesa rápidamente el obstáculo; este hincha de “Héroes verdaderos”, dos días después en el campamento realizará verdaderos prodigios con el fin de preparar los alimentos para sus compañeros en vista de la falta de gas; un magnífico ejemplo de trabajador que no rehúye de la adversidad y le muestra “buena cara al mal tiempo”. De paso, Segundo Arévalo cuenta que una máquina se accidentó hace poco, pero Galo el maquinista salió ileso del percance.

El regreso a casa es una verdadera odisea Ahora transitamos por el filo de la montaña, allí está un “matapalo”, grande, robusto e imperturbable, es un patrimonio natural que será respetado, pero con la condición de que después “no lo hagan tablas”. Ojalá, porque ciertas personas sólo ven dólares en todas las cosas preciosas de la naturaleza. Conocemos que Segundo y su tropa de trabajadores laboran 22 x 8 y para obtener combustible, repuestos, ayuda o para visitar a sus seres queridos en Macas, tienen que recorrer la ruta Peñas Blancas-Jima-Cuenca-Guarumales-Méndez-Macas, es decir toda una odisea; no tienen otro camino; la historia y realidad de todos y cada uno de ellos es una verdadera novela; la pude conocer en la noche del generoso hospedaje y alimentación que me brindaron en plena montaña con soledad a kilómetros a la redonda y en medio de una tempestad incontenible.

Inicio de hoya amazónica

Y continuamos nuestro camino. Mis dos guías y compañeros de viaje no paran de hablar en todo el trayecto, yo callo porque hablando pierdo energías y necesito de concentración en el sendero, a veces lleno de piedras, resbaloso, lodoso, empalizado, con charcos, en fin. Pido “time out” una docena de veces “para hacer caso al corazón”, hasta que tanto subir y bajar, por fin asoma a la vista el colorido caserío de San Miguel de Cuyes. ¡Qué alivio! Unas cuantas curvas más y ya, pero se hacen interminables, hasta llegar casi paso a paso y descansar sobre el pasto amplio del pueblo que hace de plaza principal. El pequeño poblado con sus 40 viviendas bonitas y pintadas y su capilla azul, nos recibe en silencio de selva y sonidos naturales en la entrada del gigantesco cañón que a través de los siglos ha esculpido el río Cuyes con dirección a Gualaquiza. Adelante están como doce pueblos y la verdad es que apenas hemos comenzado, pero por ahora es suficiente, se ha cumplido el objetivo. Atrás quedó la bulliciosa ciudad, la que molesta al espíritu y complica la vida.

En San Miguel de Cuyes comienza la verdadera aventura, la paz interior, las noches con sonidos de grillos y luces lejanas en fondos misteriosos e inescrutables. Volveremos con historias y realidades de San Miguel de Cuyes. Cesarpinose@hotmail.com / www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

 

Tomado de http://www.elmercurio.com.ec/307368-morire-cuyes-acceso-imprescindible-a-morona-santiago/#.VnhwvVL9t_z