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Hidroelectricidad, la clave para el futuro ecuatoriano

Ecuador acaba de anunciar la construcción de un nuevo proyecto hidroeléctrico al sur de país, después de que el pasado marzo se inaugurase en el norte de Ecuador la planta de Manduriacu, la primera de las ocho centrales hidroeléctricas que el Gobierno de Ecuador se ha comprometido a construir entre 2015 y 2016 para transformar su matriz energética. Con inversiones de hasta 11.000 millones de dólares, Ecuador pretende obtener un sistema de energía más limpio y menos dependiente del petróleo y sus derivados a partir de proyectos de generación, transmisión y distribución eléctrica, así como térmicos y de energía eólica.

Ambas instalaciones contribuirán junto a las otras seis instalaciones a duplicar la capacidad eléctrica del país, aportando en total 2.760 MW adicionales al sistema nacional eléctrico (ver figura 3). La meta del programa de transformación de la matriz energética iniciado en 2009 es que el 80 por ciento de la energía eléctrica provenga de la hidroelectricidad en 2020 frente al 46 por ciento actual. Para ello cuenta con el apoyo y las inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que llegan hasta los 500 millones de dólares.

Actualmente la matriz energética ecuatoriana está dominada por el petróleo, que también supone la mayoría del consumo del país (ver figura 1), pero Ecuador tiene un gran potencial hidroeléctrico que permitiría sustituir el consumo de derivados del petróleo por energía eléctrica, tanto en los hogares como en la industria. “No hay que hablar de independencia del petróleo, pero sí de una sustancial reducción de su importancia relativa. Entre las industrias básicas tenemos proyectos, como la refinería del cobre y la siderúrgica, que usan gran cantidad de energía y la opción viable sería usar energía eléctrica”, según declaró en marzo el subsecretario de Industrias Básicas, Alexis Valencia. El excedente de crudo podría incluso ser exportado o refinarse con mayor valor para sustituir las importaciones de derivados, según propone el proyecto, que buscar reducir además el déficit público producido por la caída del petróleo.

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Origen del plan

El ambicioso proceso de fortalecimiento y transformación de fuentes de energía se inició en Ecuador en el año 2009 con la aprobación del Plan Nacional del Buen Vivir (PNBV) 2009-2013 y del Plan Maestro de Electrificación (PME) 2009-2020; y se espera que dé sus frutos a finales de esta década. El objetivo del cambio de matriz es, según el Gobierno ecuatoriano, incrementar la capacidad de generación hidroeléctrica para abastecer el crecimiento de la demanda de la mano de las ocho centrales –Mazar Dudas, Toachi Pilatón, Minas-San Francisco, Coca Codo Sinclair, Manduriacu Sopladora, Delsitanisagua y Quijos-.

Al mismo tiempo los esfuerzos están orientados a expandir y fortalecer las redes de transmisión y distribución eléctrica, en un sector con presencia mayoritaria de empresas públicas. De manera adicional, se espera continuar con el proceso de mejora del acceso a la energía, aumentando la cobertura eléctrica en zonas marginales y rurales, y mantener el control de los indicadores de pérdidas eléctricas. La mayoría de los proyectos cuenta ya con un avance importante, pese a los retrasos, y ha logrado una financiación que proviene en su mayor parte de China, que ya está presente en el país de la mano de otros proyectos. 

“El proceso de cambio de la matriz energética se encuentra en un momento crucial dado el número de inversiones en infraestructura en curso y que requieren de acciones puntuales y del acompañamiento de reformas sectoriales específicas para alcanzar las metas,” tal como apunta el último informe de seguimiento del Banco Interamericano de Desarrollo, que apoya este programa desde 2010.

Capacidad hidroeléctrica

Ecuador es el país con más ríos por metro cuadrado del mundo, según ProEcuador. La cordillera andina es la línea divisoria de aguas entre la cuenca hidrográfica del río Amazonas, que discurre hacia el este, y del océano Pacífico, que incluye los ríos Mataje, Santiago, Coca, Esmeraldas, Chone, Guayas y Jubones, entre otros.

El total de la capacidad de energía eléctrica instalada en el país ha crecido en los últimos años desde los 3.770 MW en 2006 hasta los 5.100 MW en 2014, según los datos del Consejo Nacional de Electricidad del Ecuador. De ésta, el 53,8 por ciento proviene de fuentes no renovables, es decir centrales térmicas. El restante 46,2 por ciento lo hace de fuentes renovables y cuyos principales componentes son la energía hidráulica y en menor medida la solar y la eólica (ver figura 2). El objetivo es que en 2016 se llegue a superar los 6.779 MW.

La mayor parte de la capacidad hidroeléctrica de Ecuador se encuentra en la provincia de Azuay, en el centro sur del país. La central hidroeléctrica de Paute Molino es en estos momentos el complejo más grande del país con una capacidad de 1.100 MW. Pero este puesto pronto lo ocupará la planta de Coca Codo Sinclair, el proyecto más ambicioso del ámbito hidroeléctrico, que cuenta con financiación del Gobierno ecuatoriano y de la empresa china Sinohydro, a través del Eximbank, que también financia Minas-San Francisco y Sopladora.

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Coca Codo Sinclair es de los ocho nuevos proyectos hidroeléctricos el que más potencia generará, unos 1.500 MW. Comenzó a construirse en 2010 en un emplazamiento ubicado entre las provincias de Napo y Sucumbíos, que aprovechará una curva en desnivel de 620 metros del río Coca para obtener energía hidroeléctrica. El proyecto está valorado en 2.245 millones de dólares y fue uno de los primeros en conseguir financiación para las obras con la mayoría de los fondos aportados por China. Esta planta “apoyará la autonomía energética, remplazando la generación térmica, reduciendo emisiones de CO2, y sustituyendo la importación de energía”, según el Ministerio de Electricidad y Energías Renovables. Se espera que pueda comenzar a operar en febrero de 2016, con el 80 por ciento de las obras terminadas, según los últimos datos oficiales de diciembre de 2014.

En la prolífera provincia de Azuay se encuentran los siguientes dos proyectos por importancia, la central de Sopladora y la de Minas-San Francisco, que generarán 487 MW y 270 MW, respectivamente. El Proyecto Hidroeléctrico Sopladora se une al Complejo Hidroeléctrico del río Paute y pretende captar las aguas turbinadas de la Central Paute Molino. Desde que se inició su construcción en abril de 2011 por parte de la china Gezhouba, ha sufrido varios accidentes que han provocado retrasos pero se espera que esté lista para este año. Por su parte, la central de Minas-San Francisco, con 270 MW de potencia, comenzó a construirse a finales de 2011 y ha alcanzado el 50 por ciento de su ejecución. Los 556 millones de dólares en los que está valorado el proyecto buscan aprovechar el potencial del río Jubones, con un caudal medio anual de 48,26 m3/s. La que le sigue en potencia y que este año también se inaugurará es la hidroeléctrica Toachi Pilatón, situada entre estos dos ríos en la provincia de Pichincha. Su inversión alcanza los 508 millones y abastecerá entre el 7 por ciento y el 8 por ciento de la demanda energética del país. Tal como declaró el vicepresidente Jorge Glas hace unas semanas en los medios locales, “con el funcionamiento de las nuevas hidroeléctricas, el país podrá abastecerse de energía e incluso exportarla”.

Al resto de los proyectos eléctricos de Delsitanisagua, Quijos y Mazar Dudas (ver gráfico 3) se une el del Parque Eólico de Villonaco situado al sur del país, el primero de este tipo en construirse a 2.700 metros sobre el nivel del mar y que generará 16,5 MW.

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Distribución y transmisión eléctrica

Otro de los objetivos del cambio de matriz energética es mejorar la red de transmisión y distribución de electricidad, responsabilidad de las once Empresas Eléctricas Distribuidoras (EED), mayoritariamente públicas. El Programa Sistema de Transmisión 500 kilovoltios (kV), permitirá el transporte de la energía generada por los proyectos hidroeléctricos a través del Sistema Nacional Interconectado (SIN) bajo condiciones de seguridad y calidad de servicio. Los cuatro proyectos de este tipo estarán operativos en 2022.

Las inversiones previstas en el Plan de Expansión de la Transmisión del PME para el período 2013-2022 suman 954 millones de dólares. Estas inversiones incluyen obras de expansión, rehabilitación, reemplazo, fortalecimiento y modernización del sistema actual, construidas por la Empresa Eléctrica Pública Celec.

“En el largo plazo se espera que las inversiones en transmisión y distribución de electricidad contribuyan a disminuir las pérdidas eléctricas, recuperando energía equivalente a 527 millones de dólares anuales a partir de 2022”, tal como refleja el BID en su informe. A su vez, el aumento en la capacidad de generación posibilitará a Ecuador incrementar sus intercambios de energía con los países de la región a través del circuito existente de 230 kV y en el mediano plazo con el de 500 kV, en el marco de la iniciativa del “Sistema de Interconexión Eléctrica Andina (Sinea)” acordada en 2011 entre los gobiernos de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.

No hay que olvidar que ninguno de los proyectos mencionados sería viable sin la financiación de China, con la que Ecuador ha contraído una deuda de más de 5.170 millones de dólares, según el exministro de Finanzas, Fausto Ortiz.

Fuente Revista Energía16.