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La participación de la mujer en el cine local crece a pesar de la discriminación

En los 96 años de producción cinematográfica en Ecuador, solo en los últimos 15 se evidencia un incremento del protagonismo de las cineastas en roles técnicos y de dirección.

Redacción Cultura y Sociedad Desde la década de 1920, en que la producción de cine en Ecuador comenzó con el primer largometraje argumental, El tesoro de Atahualpa, dirigido por Augusto San Miguel, la industria del cine nacional ha estado dominada por hombres.

Ulises Estrella, Jaime Cuesta,  Édgar Cevallos, Camilo Luzuriaga, Hernán Cuéllar Mideros, Sebastián Cordero, Mateo Herrera¸ César Carmigniani, Víctor Arregui, Miguel Alvear y Patricio Andrade, entre otros, han sido las principales figuras del cine nacional en el anterior siglo.

No fue sino hasta hace 15 o 10 años atrás, gracias a la Ley del Cine, vigente desde 2006, que las mujeres han ganado mayor protagonismo  en el cine nacional y han incursionado, más allá de su rol como actrices. Ahora hay productoras, directoras, iluminadoras, fotógrafas y guionistas.

Ha sido un proceso lento, pero ya ha iniciado. Es decir, hay una aparente transición entre lo que ha sido el denominador común de la mujer en el cine, con la actuación, dirigida hacia lugares que han sido ocupados solo por hombres.

Así, Wilma Granda, Lisandra Rivera, Fernanda Restrepo, Carla Valencia, Yanara Guayasamín, Mariana Andrade, Tania Hermida, Anahí Hoeneisen, Gabriela Calvache, Alexandra Cuesta, María José Elizalde o Isabella Parra son las figuras femeninas que van configurando el nuevo horizonte de la cinematografía nacional y regional.

Pero esos patrones históricos de discriminación, en que a las mujeres se las ha marginado del aparato económico o de roles de liderazgo, no es exclusivo de Ecuador. El país es apenas un espejo de lo que pasa en el resto mundo.

De acuerdo con un informe de The Hollywood Reporter, el actor mejor pagado entre junio de 2013 y junio de 2014 fue Robert Downey, Jr., con un monto de $ 75 millones, mientras que su par femenina, Jennifer Lawrence, durante el mismo período, recibió $ 35 millones.

Estas cifras se sostienen, también, según un reporte de la Universidad de San Diego, que dice que las mujeres representaron un 12% de los roles protagónicos en las películas estadounidenses más populares de 2014; y en lo que se refiere a los cargos de dirección, guión, producción, montaje y dirección de fotografía, de los 250 filmes más taquilleros de ese mismo año, apenas el 17% de mujeres ocuparon esos puestos.

María José Elizalde, desde hace 10 años, trabaja como productora de cine, en el plano documental y de ficción. En 1999 se licenció como Comunicadora Audiovisual, pues en el país la carrera de cine aún no se concebía como tal. Elizalde recuerda que de sus compañeros graduados, 10 eran mujeres y 2 hombres.

Del grupo de chicas, el 70% ejerce actualmente su profesión. Si bien su labor ha estado abocada exclusivamente a la producción, desde ese eje ella ha buscado que los equipos de rodaje sean más equitativos. Es decir, incluir directoras de fotografía, sonido y vestuario.

En la actualidad es la productora del documental Sentidos, dirigido por Carla Valencia. Elizalde sostiene que poco a poco la mujer ha ido ganando espacio en los aspectos técnicos del cine. Una muestra de ello es el trabajo que realiza -desde 2003- la sonidista Cristina Arias, quien ha garantizado el audio de largometrajes y documentales como Guardianes de la Selva y Montecristi, tejidos de origen, entre otros.

Mientras se prepara para entrar al set de grabación recuerda que al inicio de su carrera vivió postergación.

En una ocasión le llamaron para contratar sus servicios, pero preguntaron por Cristian, el sonidista. “Les expliqué que esa era yo y me dijeron: lo sentimos, creíamos que eras varón, no queremos mujeres en el equipo”. Sin embargo, su constancia le permitió construir un perfil profesional de calidad valorado en el campo audiovisual.

A diferencia de Elizalde, Arias fue la única de su promoción académica. Ahora alterna su vida laboral con el oficio de  mamá. Karen Villamar es otra mujer que se dedica a la producción audiovisual, pero desde el campo artístico, el maquillaje. Para ella, la clave está en el trabajo en equipo.

El problema de la representación

El 22 de septiembre de 2014, a 2 décadas de que 189 gobiernos hayan firmado la Plataforma de Acción de Pekín (una hoja de ruta internacional a favor de la igualdad de géneros), la Organización de Naciones Unidas Mujeres presentó un estudio en el que se alerta sobre las deudas que debe saldar la industria cinematográfica mundial en relación con las féminas.

El informe revela una discriminación arraigada y estereotipos generalizados de las mujeres y las jóvenes por parte del cine internacional. Esto demuestra que ellas no solo sufren de inequidades en cuanto al acceso laboral justo, sino que en términos de representación siguen siendo vejadas.

La investigación revisó las películas más vistas de Australia, Brasil, China, Francia, Alemania, India, Japón, Rusia, Corea del Sur, Estados Unidos y Reino Unido, así como colaboraciones británico-estadounidenses. Los resultados reflejaron que el protagonismo, la dirección y la representación femenina en el cine de dichos países son aún distantes en relación con los hombres, con una diferencia de 4 a 1 entre ambos sexos en la dirección de una película.

Y, dentro de las cintas desarrolladas, solo el 31% de los personajes hablantes es mujer.

La cineasta ecuatoriana radicada en Estados Unidos, Alexandra Cuesta, en una entrevista para este diario, considera que dentro de las ficciones que ganan terreno en el país “se sigue una jerarquía y un sistema, porque están copiando, usando lenguaje visual y estructuras que vienen de la industria de Hollywood o sino de Europa. En ese sentido, el tema del ‘género’ es como hablar de algo marginal, que ocurre de otras formas”.

Mientras que Gabriela Calvache, guionista, directora y productora originaria de Ambato, intenta no ver el mundo del cine desde el punto del género. “Sé que es muy real el hecho de que las mujeres en el cine hemos tenido menos oportunidades en un montón de cosas.

No era consciente de eso hasta que me di cuenta de que hay pocas mujeres donde ‘digamos’ se evidencia el éxito. El Festival de Cannes con la Palma de Oro, por ejemplo, en su 67 edición, solo una mujer la ha ganado. Con el Óscar es la misma historia. Personalmente no siento que tenga un problema con quienes trabajo, pero tal vez el medio sí. Por lo tanto, para mí, como mujer directora, acceder a algunos espacios puede ser el triple de difícil”. (I)

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