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Siete mujeres alcanzan logros en medio de machismo y acosos

“Las niñas lavan platos” y “los hombres pagan las cuentas”. Estas frases aún se repiten de manera implícita en Ecuador.

Machismo, una actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres -como lo denomina la Real Academia de la lengua Española- tiene su origen en la época primitiva.

Esta afirmación la comprobó un estudio del antropólogo Marcos Dyble, en la Universidad College de Londres, quien expuso que cuando las sociedades primitivas reemplazaron la caza por la siembra y cosecha, los hombres empezaron a tener más de una pareja y muchos hijos.

Esto hizo que su nivel de influencia aumentara al punto de dejar de cooperar en el cuidado de los niños, quedando solo en manos de las mujeres.

El fenómeno social continúa en la sociedad ecuatoriana, latinoamericana y mundial, incluso de una manera implícita, según la P.hD en Sociología, Martha Rizzo. “Una forma de machismo es decir: ‘yo le permito a mi esposa que salga con sus amigas’, o ‘si conduce mal, es mujer la que está al volante’”.

Rizzo sostiene que estas manifestaciones tienen implicaciones culturales por la forma en que las familias han educado a las personas desde la infancia, con características diferenciadas para hombres y mujeres.

“Las niñas lavan platos y barren y los niños hacen otros trabajos en casa.

Está tan generalizado el tema que hasta la misma mujer muestra culturalmente un pensamiento machista cuando dice: ‘sin él no puedo vivir o yo no pago la cuenta porque soy mujer y él es hombre y tiene que invitarme’”.

Rizzo comenta que hay muchas mujeres que lo hacen por conveniencia y se acostumbran a la comodidad, pero en ese caso hay un machismo implícito porque cuando el hombre paga todo, ella depende de él.

Las formas de machismo actual van desde la pornografía hasta el hecho de criticar a una mujer por el hecho de vestir una prenda ajustada o corta.

Han pasado 41 años desde la instauración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo de 1975) y estas ideas o frases aún se repiten.

Lo que comenzó como un movimiento obrero a finales del siglo XX en América del Norte, hoy representa un símbolo de lucha por una sociedad igualitaria.

Este año, el tema central del Día Internacional de la Mujer es “Por un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género”. Con el lema, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) impulsa la aplicación efectiva de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible en los países miembros.

La ONU reconoce que pese a la disputa constante porque ambos sexos accedan a iguales oportunidades, las mujeres siguen tolerando problemas de machismo, muchas veces en episodios que terminan en agresión o violencia de género.

En Ecuador los datos del INEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) reportan que 6 de cada 10 mujeres han vivido momentos violentos.

La socióloga Rizzo menciona que además del ámbito personal, en las áreas laboral y económica se evidencian episodios discriminatorios.

Uno de los más comunes es que las empresas concedan una remuneración mayor a los hombres, “creen que porque son más fuertes, tendrían más capacidades”.

Indistintamente de la profesión, edad, grupo económico o étnico, siete mujeres entrevistadas por EL TELÉGRAFO han sorteado episodios similares de machismo. Hoy cuentan cómo lo enfrentaron.

Delia Caguano o ‘Mama Delia’, como es conocida por los chimboracenses, no es casada, ni tiene hijos. Sus 25 ahijados reemplazan esa parte de su vida. El hecho de que la llamen por su apelativo es motivo de regocijo para ella. La dirigente indígena, de nacionalidad puruhá, asegura que a sus 42 años esa muestra de cariño le da vitalidad, sobre todo porque sus experiencias personales han estado marcadas por injusticias y maltrato.

En su infancia presenció escenas de violencia de su padre hacia su madre y en su misma comunidad.

“Yo vi cómo los esposos arrastraban a las esposas, les pegaban y eso me ha dado el coraje y la fuerza de iniciar una lucha para defender y capacitar a las mujeres en sus derechos”. En su adolescencia se involucró con el liderazgo de la pastoral indígena, pese a las discriminaciones de sus mismos compañeros, por el hecho de ser mujer. “Un catequista hombre me quiso pegar porque era líder, algunos sacerdotes me discriminaban”. Pero el apoyo de otros representantes religioso hicieron que continúe su formación.

Debido a la negativa de sus padres para que estudie, porque pensaban que en algún momento se iba a casar y solo tenía que atender a su marido y cuidar a los hijos, huyó de casa a los 28 años. Solo así pudo terminar el bachillerato y estudiar una tecnología en Medicina Andina.

Cuando regresó a su hogar hizo que sus progenitores se comprometan a ayudar a que sus hermanas también sigan los estudios. “Para las indígenas superarse es muy duro porque tienen que cuidar a sus guaguas, a los animales, deben hacer de todo, pero los hombres también dedican el mismo tiempo a estas tareas”. Caguano ahora es la presidenta del Consejo Sectorial Campesino y se dedica por completo al trabajo comunitario. Manifiesta que las mujeres siguen siendo la prioridad en sus acciones, porque deben reivindicarse en sus derechos.

Los casos de violencia ‘abrieron los ojos’ de Godoy

En el entorno en el que creció Gina Godoy no habían episodios de violencia física. Es la séptima de 8 hermanos de una familia humilde en la que su padre priorizó la educación para ella y su hermana por ser las menores y no contar con suficientes recursos. “Mi papá decía ‘yo no quiero que ustedes crezcan y un infeliz las maltrate; quiero que tengan una relación y si no les va bien terminen y sigan con sus hijos”.

Esa percepción generalizada con respeto a los roles de género cambió a partir de los 32 años, cuando laboró en el Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (Cepam). Allí conoció que abundaban las mujeres que eran violentadas por sus esposos. A partir de entonces su labor de apoyo se intensificó y ahora es asambleísta por Guayas. “Cuando empecé a estudiar me di cuenta de que sufrí violencia psicológica, porque mi pareja me fue infiel y la infidelidad menoscaba la autoestima”.

Una investigadora que rompió paradigmas

Fabiola Cornejo Zúñiga considera que toda persona debe plantearse metas y nunca dejar de soñar. De una universitaria sensible que se ganó el título de “llorona” por sus compañeros, pasó a ser en 2015 “la mejor docente” de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol). Ahora se dedica a la investigación y es la coordinadora de la Maestría en Ciencias de los Alimentos, de la universidad.

Al principio su carrera estaba relacionada solo a las mujeres, por trabajar con alimentos. Un día, un profesor le comentó que avanzarían más rápido si había la participación de hombres. Ella probó lo contrario. Uno de sus últimos trabajos consiste en un pan libre de gluten a partir de harina de arroz germinada. “Quedó demostrado que la carrera no es solo de mujeres sino de gente que quiera aportar en la investigación”. Aunque manifiesta que al principio no contaba con el respaldo de algunas personas, encontró fortaleza en su familia y siguió en su lucha de romper paradigmas.

Salazar cambió los golpes por una vida de paz

Maximina Salazar, es la presidenta de la Asociación de Trabajadoras Remuneradas del Hogar y desde esta área asegura que los episodios de acoso y machismo son innumerables. Cuando era adolescente, su patrono le tocó las nalgas y la chantajeó para que no lo delate. Ella prefirió renunciar. Desde 1998 trabaja sin pausa en el movimiento que reúne a 350 socias que dentro de los beneficios reciben capacitaciones en derechos y asesoría legal.

“Cuando me iba a un taller de formación de conocimiento y regresaba a casa me encontraba con la puñetiza del siglo de mi expareja. Ahora no lloro, ni me lamento; eso me permite decir al resto de mujeres que pueden dejar a un hombre violento y tener una vida libre”, asegura.

Quintero impulsa el desarrollo de las mujeres afro

Aída Quintero Erazo, de 64 años, dice que una mujer debe valorarse a sí misma; debe ser una profesional y trabajar para evitar la dependencia de una pareja que sustente el hogar. En base su experiencia recuerda que antes se sometía a las órdenes su esposo. “Tenía que atenderlo primero antes de hacer cualquier cosa, pero con la ayuda de los talleres que recibí fui entendiendo que debía darme mi lugar”.

Quintero es la coordinadora en Guayas del colectivo Mujeres Afro y señala que el machismo también se evidencia dentro de las organizaciones. “Por más de 15 años, cuando el movimiento era mixto, no hubo ninguna mujer presidenta y lo que los varones decían se hacía”, expresa la dueña de un negocio de catering que atiende 8 centros infantiles en la isla Trinitaria, en Guayaquil.

Señala que más adelante espera dar cabida nuevamente a los hombres, para que se involucren en espacios de participación y se fomente la equidad. Para ella una señal clara de machismo desde las propias madres es la distribución de las tareas del hogar, “si antes un hombre barría era porque iba a ser homosexual”.

Ángela nunca quiso jugar con muñecas

La atleta Ángela Brito tenía 14 años cuando sintió la discriminación de los dirigentes deportivos. “Como me vieron novata, muy pequeña y prácticamente no había corrido, me dijeron a mí y otras compañeras ‘llévatelas a la casa, que vayan a jugar con las muñecas’. Me puse a llorar y ya no quería correr”. Durante el primer entrenamiento llegó en último lugar pero fue ahí cuando se propuso ser seleccionada de Guayas. Luego de dos años lo consiguió.

Hoy a sus 30 años asegura que tanto hombres como mujeres tienen las mismas capacidades. Aunque destaca una fortaleza del sexo femenino. “Yo soy madre de dos niñas y puedo decir que podemos cuidar de la casa, de los hijos, de la familia, practicar deporte y trabajar”.

Quintana se rebeló ante la autoridad paterna

La representante del Consejo para la Igualdad de Género, Yina Quintana, expresa que en su familia le tocó enfrentar situaciones de machismo a través de la “autoridad paterna”. Mientras que en los espacios juveniles se sintió subestimada. Considera que lo importante es tomar conciencia de que existe un “machismo, sexismo, y patriarcado”. “Esto me ha desafiado a profundizar sobre los derechos humanos de las mujeres y apoyar a otras que enfrentan vulneración, como parte de mi compromiso para que la situación cambie”, dice Quintana, quien junto a las otras 6 mujeres han demostrado que es posible romper las barreras del machismo. (I)

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