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Una infancia a la deriva por el terremoto de Ecuador

Fernanda, de 17 años y embarazada de siete meses, recoge la colada en el albergue ’31 de marzo’ (Pedernales). UNICEF / ARCOS

100 bebés nacen al día en las provincias de Esmeraldas y Manabí, las más golpeadas por el seísmo del 16 de abril

ÁLBUM: La mirada inocente del terremoto de Ecuador

El pasado 16 de abril fue uno de los días más felices en la vida de Jahaira Altafulla, de 24 años. Pocos vecinos de Pedernales, en la provincia de Manabí (Ecuador), comparten ese sentimiento cuando recuerdan cómo hace un mes la tierra sacudió su ciudad con un temblor de magnitud 7,8 en la escala de Richter.

Altafulla quedó atrapada por los ladrillos de la casa, hoy destrozada, en la que vivía junto a otros 11 miembros de su familia. Como en todas las historias de dolor, siempre hay algún capítulo para la esperanza. Tan sólo ocho horas antes de que la naturaleza acabara con la vida de 660 personas y dejara miles de heridos en el país latinoamericano, la joven había dado a luz a su segunda hija, a la que inevitablemente bautizaría con el nombre de Milagro. Aún con molestias propias del parto, abandonó el centro de salud y regresó a su hogar, del que consiguió escapar ilesa cuando la tragedia se cebó con Pedernales.

Un mes después, Altafulla cuida con alegría de su pequeña en una de las aulas de la escuela ’31 de marzo’, uno de los 32 albergues oficiales en los que se alojan alrededor de 30.000 afectados por uno de “los desastres más fuertes vividos en la región desde el de 2010 en Haití“, explica vía telefónica a EL MUNDO el representante de Unicef en Ecuador, Grant Leaity. En su opinión, la historia de supervivencia de Milagro y su madre es una de las más impresionantes, especialmente porque en el centro en el que se cobijan la atención sanitaria está garantizada por el Ministerio de Salud Pública, la policía vela por su seguridad y se ofrecen actividades de entretenimiento para los menores, siempre los más vulnerables en situaciones trágicas o de peligro.

Sin embargo, la cara B de este primer paso para reconstruir Ecuador se encuentra en los abarrotados asentamientos informales. Según el miembro de Unicef, se estima que existen 221. Leaity, que trabaja desde 2014 en Ecuador, recuerda una visita hace dos semanas a uno de esos emplazamientos, al sur de Pedernales, en el que habitan 300 familias. “Me llamaba la atención que no había los servicios mínimos como agua potable y sólo había un baño”, destaca. “En este tipo de situaciones es donde tenemos que movilizar los equipos, para traer letrinas temporales y es importante asegurar las condiciones para prevenir el cólera”, subraya este australiano afincado en Ecuador, recordando que esa enfermedad es una de las más frecuentes en situaciones de desastre humanitario, tal y como ocurrió en el ya olvidado terremoto de Haití.

Un mes después del seísmo del 16 de abril, uno de los peores que ha sufrido Ecuador desde 1979, al que siguieron hasta 720 réplicas e, incluso, un nuevo temblor de magnitud 6,2, la situación del país todavía sigue siendo delicada. El presidente Rafael Correa declaró en el primer balance de daños que la reconstrucción costaría miles de millones de dólares y que llevaría años. Además, el pasado sábado Correa anunció un programa de vivienda para los damnificados. El epicentro del terremoto se situó en el noroeste del país, aunque se sintió en gran parte del territorio nacional.

La realidad es aún más complicada en las dos provincias más afectadas, Esmeraldas y Manabí, donde los menores se encuentran en peligro. Unicef calcula que hasta 100 bebés nacen cada día en estos dos enclaves y unos 250.000 niños estarían directamente afectados por el seísmo -tomando como referencia los cuatro municipios más dañados-.

Traumas

A pesar de lo mucho que queda por hacer, Leaity, destaca la inmediata respuesta ofrecida por el Estado. “El postdesastre es un momento de una carga muy alta y de desbordamiento para las autoridades”, apunta el representante de Unicef en Ecuador. Son los días posteriores a los terremotos los más peligrosos para los niños, como sucedió en Nepal y Haití. “Hay riesgo de trata de personas, grupos que buscan a niños para su adopción y que se aprovechan de estas situaciones”, advierte. Por ello, es importante asegurar que este tipo de riesgos no acechen a los menores ecuatorianos, puntualiza Leaity, lo que no se puede asegurar en los asentamientos espontáneos. Unicef no ha identificado casos importantes de abusos a menores porque, afortunadamente, el seísmo tuvo lugar por la noche, cuando los pequeños suelen estar en sus hogares.

Además de asegurar las medidas de seguridad en los refugios oficiales, la segunda prioridad tras el terremoto es brindar atención psicosocial. En algunas ciudades, como Pedernales y Jama, el 80% de las infraestructuras -centros de salud, escuelas y edificios privados- quedó totalmente destruido. “En Pedernales, vieron que los edificios desaparecieron en dos segundos”, dice Leaity, por lo que destaca que es importante el apoyo postraumático, que debe ser desempeñado por los docentes. Sin embargo, es ahí donde surge otro problema. En los lugares próximos al epicentro, 560 escuelas están afectadas por el temblor del día 16 de abril y 166 están totalmente destruidas.

En total, Unicef ha evaluado que 120.000 niños no pueden ir a las escuelas y se encuentran en necesidad urgente de espacios educativos temporales.

Las enfermedades también afectan en gran medida a los pequeños, que pasan sus días jugando en lugares no siempre salubres. Uno de cada 5 niños sufre diarrea y malnutrición crónica en Esmeraldas y Manabí, según el representante del organismo de Naciones Unidas en el país.

Dentro de los problemas que acechan a los afectados, la reconstrucción es ahora uno de los que más preocupa, ya que muchos de los edificios del país no son resistentes. “Este riesgo no se puede prevenir, pero se puede disminuir”, sentencia Leaity.

FUENTE http://www.elmundo.es/internacional/2016/05/16/57387f48468aebda6a8b4592.html