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Huérfanos, la huella de femicidios en Ecuador

Ashley, de 3 años, dormía abrazada a su mamá, de 20, cuando su padre, de 22 años, llegó a casa en busca de su progenitora, de quien estaba separado hace siete meses, en la parroquia Roberto Astudillo, cantón Milagro, provincia del Guayas.

Cerca de la 01:00 del sábado 7 de enero, el papá despertó a la mamá de Ashley al hacer sonar la ventana del dormitorio. Intentó ingresar al hogar, pero su exsuegra se lo impidió.

El hombre se subió por una pared del baño y entró por el techo. Avanzó a la cocina y agarró un cuchillo. “A su hija ahorita la mato”, le dijo a Nancy Chila, de 53 años, abuela de Ashley, quien quiso detenerlo, pero no pudo, tras recibir un golpe, contó.

El iracundo hombre dañó las cerraduras de los dormitorios para sacar a Fernanda Morocho, la mamá de Ashley. Ante gritos de auxilio, un vecino trató de socorrerlas, pero el joven lo persiguió para atacarlo con el cuchillo. Allí, Fernanda trató de huir y su expareja se dio cuenta. Al correr, ella se cayó; él la alcanzó y la apuñaló, recordó Nancy. Entre varios vecinos pudieron detenerlo.

“Mami ayúdame, mami cuídate, cuida a mi hijita”, fueron las palabras que le dijo Fernanda a su mamá, antes de desmayarse. Su expareja la celaba, según la familia de la joven.

Ashley, la hija de ambos y quien despertó con los gritos, vio a su madre malherida. A sus tres años no asimila la realidad y cree que su mamá está hospitalizada, sanando de las heridas, y que pronto regresará para abrazarla y darle su amor.

Ella es uno de los rostros huérfanos que dejan siete femicidios registrados entre el 29 de diciembre del 2016 y 15 de enero del año en curso, en el transcurso de 17 días.

La niña y sus abuelos dejaron temporalmente su natal Milagro para tratar de olvidar la tragedia. Ahora están en casa de Milton, hermano de Nancy, en la vía a la costa, quien pide justicia por la muerte de su sobrina. Él y su familia velarán por la menor, sostuvo.

En el hogar de Nancy, el sustento económico es su otra hija, Carolina, de 23 años, quien trabaja en Guayaquil. El esposo de Nancy, y abuelo de Ashley, no puede trabajar por las secuelas de un derrame cerebral y por la diabetes que padece.

Quienes quedan huérfanos por los femicidios o asesinatos de sus madres en manos del padre, suelen quedar al cuidado de sus abuelos o de familiares.

Hay casos en los que los hijos asumen el rol de papá y mamá de los más pequeños, como ocurrió con el vástago mayor de Idilio, de 50 años, quien mató a tiros a su exconviviente, Cielo, de 42 años, el 29 de diciembre último, y luego se suicidó. El joven de 21 años se hizo cargo de su ñaño de 8 años, tras la muerte de sus padres. Ambos abandonaron su humilde vivienda en Chone, Manabí, y migraron a Guayaquil. El niño dejó también la escuela.

En Guayaquil, en cambio, tres de los cuatro hijos de María Charcopa, considerado el primer femicidio en la ciudad, tras la tipificación de este delito en 2014, migraron a Esmeraldas, tras el asesinato de la mujer. Los dos más pequeños están a cargo de una tía materna.

A María su exconviviente le dio tres puñaladas en el tórax en octubre del 2014, delante de sus hijos de 10 y 4 años, mientras iban en un taxi, en la isla Trinitaria, a dejar al escolar. “Los niños se dispersan. No es lo mismo que se críen con sus padres que con los tíos, pese a todas las atenciones”, dice Víctor Charcopa, su hermano.

El exconviviente de la mujer habría muerto en prisión hace más de año y medio, agregó Víctor. Sus hijos no quisieron saber más de él.

También está el caso de Yuleisy Medina, de 18 años. Ella recibió un tiro de su pareja en la cabeza, cuando tenía 8 meses de gestación, en la coop. Nelson Mandela, sur de Guayaquil, en octubre del 2014. Los médicos lograron salvar a la bebé.

Ahora la niña está al cuidado de sus abuelos maternos. Javier Medina, el padre de Yuleisy y abuelo de Yulenka, trabaja de lunes a domingo en la venta informal de jugo de borojó (o de coco) y de plantas para mantener a la menor de 2 años y 2 meses y sus 3 hijos, de 17, 15 y 9.

Él dice que justicia aún no hay para su hija, pues al conviviente de la joven lo sentenciaron a 11 años de prisión (por homicidio) y al pago de $ 20.000 como indemnización para la menor, pero aquello aún está sujeto a una apelación por parte del acusado, según Medina.

Él sostiene que por falta de dinero no ha podido buscarse un abogado particular para que siga su caso y que todavía espera el trabajo que le prometieron en ese entonces representantes del Gobierno.

En Los Ríos, el domingo 15, dos niñas no solo perdieron a su mamá Leticia Guerrero, de 32 años, sino que sufrieron cortes de machete en los dedos por intentar defenderla. (I)

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femicidios, entre enero y noviembre de 2016. Y 6, en lo que va de 2017. 

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