Arzobispo llamó a defender vida de bebés por nacer

Los vientres abultados denotaban el estado de gestación. En la Catedral de Guayaquil, Martha Otero y Glenda Lema eran parte de aquel grupo de más de 30 embarazadas que recibieron la bendición, la tarde del sábado 25, en la celebración del Niño por Nacer, cuya misa tuvo otras dos motivaciones.

En la eucaristía también se habló de la renovación de la consagración del país al Corazón de Jesús y la Anunciación. Los feligreses recibieron por ello estampillas de la Virgen de la Buena Esperanza y afiches de Jesús.

Entre las embarazadas que avanzaban de cinco en cinco hacia el altar de la Catedral, Martha Otero, luego de que se le bendijera la barriga, oró para pedir que sus dos hijas nacieran, dijo, sanas y salvas. “El padre quiere ponerles Yamileth y Yarely del Cisne”, contó la mujer que por segunda vez asistió a la misa por las embarazadas, pues acudió hace cinco años cuando en el vientre crecía Josué, su primogénito, quien la acompañaba en el templo.

“Es una bendición, uno se siente mejor, más protegida en el embarazo”, comentó Glenda Lema, otra madre que esperaba su segundo hijo, al que llamará Joseph Damián, contó.

El arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera, presidió la ceremonia y en su sermón se refirió a la Anunciación del Señor. En doce minutos, Cabrera dijo a los creyentes que debían defender la vida desde la concepción.

Instó a defender la vida de “aquellos que no tienen voz” e invitó a tomar conciencia sobre la vida que, citando a la ciencia, indicó que comienza desde la concepción. Refutó aquellos “intereses políticos y económicos” que apoyan el aborto. “Aquí entra el deber moral y el deber legal para que nuestras leyes las defiendan desde allí, y deber espiritual para nosotros como creyentes hacer lo posible e imposible para que esa vida jamás sea destruida”, dijo el arzobispo, quien al culminar su intervención fue aplaudido.

El padre Paulino Toral, promotor del centro provida Casa de la Vida, también intervino en la misa y aseguró que los abortos a nivel mundial suman unos 2.000 millones en 60 años.

Casi al fin de la misa, que duró hora y media, los feligreses, ante un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús decorado con flores tricolores, renovaron su consagración con una oración y vivas a la advocación.

Luego, unos 2 mil creyentes, con camisetas y globos blancos, caminaron hacia la iglesia San Francisco. Allá se realizó un festival provida “No a la cultura de muerte”, decían en carteles. (I)

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